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Bush con las mil y una bombas
Por Jaime Barrios Carrillo - Estocolmo, 4 de marzo de 2007
aladinomas@hotmail.com

Está de sobra comprobado que Naciones Unidas tenía razón: no existieron tales armas.

La verdad es la primera víctima de la guerra, decía el periodista norteamericano Hiram Johnson en un lejano 1917. Mas, fue lo que precisamente se aplicó en Iraq al principio de la guerra en 2003. El control de la información tenía por objeto mantener las simpatías de la población americana a la invasión. No se daba cabida a la cantidad exorbitante de muertes civiles. Este “apoyo” propagandístico, a través de medios controlados, alimentaba el patriotismo y aumentaba el temor al terrorismo. También era importante inculcar la supremacía moral y no permitir que la información sobre los estragos de las bombas pudiera cambiar el rumbo de la opinión.

Mas no se puede mentir eternamente. Ni ocultarse la desgracia humana en Iraq y las nefastas consecuencias de la guerra. Incluida una resistencia imbatible que se muestra en formas terroristas y brutales. La violencia ha sumido al país iraquí en la barbarie y la pobreza? ¿De qué lo liberaron entonces? Del monstruo Sadam, ese producto político de los mismos Estados Unidos para atacar a Irán en los 80? Se confirma que el Imperio no tiene amigos sino intereses. Lo saben el narcomandatario Noriega y también un ex socio de la Casa Blanca llamado Bin Labin.

Bush, según encuestas, es más impopular que nunca, y todo confirma que la guerra en Iraq ha sido un fiasco, medido en toneladas de sangre. Cuando los Estados Unidos decidieron hacerle la guerra a Sadam Hussein, ponían fuera de circulación al sistema de Naciones Unidas. Justificaban la invasión con la excusa de desmontar las armas de destrucción masiva, las cuales, supuestamente, tendría el dictador iraquí. También se le acusaba de vínculos con organizaciones terroristas como Al Qaeda.

Está de sobra comprobado que Naciones Unidas tenía razón: no existieron tales armas. Y tampoco conexiones entre Al Qaeda y Hussein. Tres años después de la invasión, el terrorismo se ha multiplacado en Iraq y en el mundo. La guerra preventiva ha sido un fracaso rotundo; pero los invasores lo sabían de antemano, porque los motivos reales eran otros, ligados con el control del petróleo.

La historia de Sadam pareciera no terminar en la horca. Continúa hoy una dictadura del terror diario, en un Iraq fraticida, ocupado y lleno de odio y sufrimiento. Inglaterra se apresta a retirarse, y las mismas señales dan otros países. La oposición crece al interior de los Estados Unidos, y una precandidata emblemática, Hillary Clinton, ha anunciado que lo primero que hará, de ganar las elecciones, será terminar la guerra.

Esta guerra tan inútil pudo haberse evitado con la información correcta y ateniéndose a la verdad desde el principio. Fue una guerra inventada. Los inventos del presidente Bush hay que tomarlos muy en serio, pues suelen terminar en grandes derramamientos de sangre.

Fuente: www.sigloxxi.com


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