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Semper Fidelis
Por Jaime Barrios Carrillo - Estocolmo, 12 de marzo de 2007
aladinomas@hotmail.com

La Policía ha obedecido siempre en Guatemala a intereses poderosos y ocultos. Durante el conflicto armado fue parte de maquinarias represivas, con uso de métodos brutales llamados de “seguridad nacional”. Se incluía la tortura, la desaparición de la gente y los ajusticiamientos extrajudiciales.

Lo que ha ocurrido con los diputados salvadoreños ahora no resulta extraño, sino más bien es una confirmación de lo que la comunidad internacional y muchas organizaciones guatemaltecas venían denunciando. Se decía que eran invenciones de resentidos o de funcionarios internacionales interesados, pero la verdad no puede ocultarse más. Tenemos una Policía corrupta, manejada por el crimen organizado. ¿Podrá haber mayor desgracia para una democracia?

Militarizar la Policía sería capitular ante el crimen y volver al pasado. Ya la institución estuvo militarizada en los fúnebres tiempos de los “generales presidentes” y tenebrosa compañía de Chupinas y otras malas hierbas. Si algo no hubo con aquella Policía militarizada del siglo pasado, fue seguridad.

La violencia, con la Policía en manos del crimen organizado, resultará imposible de parar. Porque hay que atacar de una vez por todas el mal por sus raíces: acabar la impunidad. La impunidad es la peor herencia de la guerra interna de 36 años. Al no haberse desarticulado los “poderes ocultos”, éstos pasaron de ser contrainsurgentes a funcionar para el narcotráfico, los contrabandistas, los estafadores bancarios y los lavadores de dinero.

Además, resulta también una necedad seguir negando que la violencia es estructural y que tiene sus causas en la pobreza y la desiguadad. Los problemas son muy complejos y el apoyo internacional más necesario que nunca, siempre que sea conforme a nuestra legislación. Urge la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala —CICIG— porque responde a una necesidad imperiosa del Estado y de la sociedad civil para terminar con la impunidad. Un instrumento efectivo con apoyo internacional, pero con acogida en la población que reclama fervientemente el fin de la violencia. No se deben “eternizar” los obstáculos para la creación operativa de la CICIG. El dictamen de la Corte de Constitucionalidad debe abrir con prontitud el camino.

El actual Gobierno proclamó, desde la campaña electoral, que la seguridad sería su príoridad central. El gobierno de Berger ha fracasado; sin duda es un fracaso total. En cualquier otro país el Presidente y su equipo ya hubieran renunciado por elemental dignidad. No lo harán, porque el poder emborracha y enceguece. Por lo menos que nos dejen constituida la CICIG.

Una vez puesta en marcha será un excelente apoyo al Ministerio Público y al Ministerio de Gobernación. Guatemala sólo tendrá un despegue democrático real y una nueva posición en el concierto de la sociedades civilizadas, cuando se reduzca el poder oculto a las cenizas. Con la justicia hay que ser fieles, siempre.

Fuente: www.sigloxxi.com - 100307


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