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Ayúdate que yo te ayudaré
Por Jaime Barrios Carrillo - Estocolmo, 25 de marzo de 2007
aladinomas@hotmail.com

Toda conquista tiene un aspecto misionero, y el paternalismo sobre las periferias se ha cubierto siempre con la fachada de las buenas intenciones. La cooperación internacional arrastra el espíritu misional que acompañó al colonialismo y podría verse a veces, como señala James Petras, cual una punta de lanza de los grandes poderes internacionales. Las ONG resultarían extensiones de esos poderes, cumpliendo objetivos de frenar la verdadera organización social e implementando políticas asistencialitas. Las onegés paliando lo que debería hacer el Estado (debilitado in extremis) pero dependiendo de la ayuda internacional.

El mundillo de las oenegés se caracteriza por su fragmentarismo. Por ejemplo, en Rabinal, Baja Verapaz, se encontraban, no hace mucho, cerca de 60 ONG, cada una trabajando por su lado y duplicando esfuerzos. Y han surgido en Guatemala las llamadas Coordinadoras u organizaciones de segundo grado de ONG como Congcoop, Coinde y Asecsa, que repiten lo mismo en su nivel escalonado.

Las exigencias y tendencias de los donantes internacionales explican que muchas ONG presenten proyectos que incluyen “género”, aunque no lo implementen más allá del papel. Otro ejemplo es la insistencia en la “cuestión étnica” y el apoyo al mayismo a ultranza (arribista y desinformador).

La falta de una política nacional para el desarrollo integral del país contribuye a que los proyectos no estén coordinados ni enlazados a las necesidades definidas por los mismos guatemaltecos. Es decir, hay carencia de un concepto unificado de lo que es o puede ser el desarrollo. Otros nos lo definen también y dictaminan las necesidades.

La cooperación ha producido una nueva dependencia y una nueva corrupción, aunque pocos se atreven a señalarla, por ser políticamente incorrecto criticar a las onegés, que se confunden simplistamente con toda la sociedad civil. También ha surgido una élite privilegiada: los agentes cooperantes y sus dóciles empleados guatemaltecos ( o “locales” en la jerga cooperante).

Pero la cooperación internacional no es sólo necesaria sino inevitable, para cumplir con un legitimo afán de alcanzar justicia en el mundo y compartir los avances tecnológicos. Resulta indispensable rediseñar una política coherente de Estado para la cooperación, a la vez que muchas organizaciones debieran purificarse de corrupción y democratizarse internamente.

Guatemala tendría más oportunidades, si el país fuera capaz de crear una poltica de desarrollo efectiva. Lo que se conoce como PRS o Poverty Reduction Strategies. Preocupa que el Estado carezca de esa estrategia y que ningún partido político, en plena ebullición electorera, le dé importancia al asunto. A pesar de toda la ayuda, seguimos en la pobreza. De ahí que debemos asumir que es mejor aprender a pescar que sólo recibir pescado.

Fuente: www.sigloxxi.com


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