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La gran pantalla
Por Jaime Barrios Carrillo - Estocolmo, 15 de abril de 2007
aladinomas@hotmail.com

Hollywood es la fábrica universal de mentiras que produce las películas más irracionales y violentas. Y sin embargo, desde niños estamos creyendo y aceptando irreflexivamente las propuestas del engañador celuloide.

Dos recientes producciones alcanzan niveles extremos de diversión perversa y falseamiento histórico. A la vez que han sido logradas con una magnificencia visual y sonora sorprendentes. La fábrica de mentiras resulta un gran negocio.

Apocalypto, de Mel Gibson, y 300 de Zack Znyders y Frank Millers, están siendo vistas por millones de personas en todo el mundo. De la primera no repetiremos las concienzudas críticas de indignados detractores, acusando al filme de Gibson de racismo. Aunque pocos niegan los aciertos etnográficos y la esplendorosa escenografía. Mas, la meticulosidad estética contrasta con la evidente inconsistencia histórica del argumento.

El cadaverío que nos muestra Apocalypto recuerda más bien a Auswichtz o a las masacres de mayas en los 80. Esto no es un error de construcción sino de concepción, y ese falseamiento intencionado le impide a esta película ser una obra de arte. La estética no coincide con la ética, como reclamaba el crítico Walter Benjamin.

Los sacrificios humanos pertenecen sin duda a un pasado de barbarie en toda cultura. La civilización francesa, por ejemplo, los niega simplemente o los relega al olvido. La guillotina y el terror de Robespierre no son menos atroces que lo mostrado en Apocalypto. ¿Cuáles serían las diferencias de grado entre las bombas de napalm y una piedra de sacrificos?

El filme 300 sobrepasa las exacerbaciones etnocéntricas de Gibson. Además trata un tema no sólo épico, sino histórico: la batalla de las Termópilas, donde los 300 espartanos del general Leonidas se enfrentaron al mil veces más numeroso ejército persa, conducido por Jerjes.

En esta película, los efectos digitales, los escenarios grandiosos y la música tienen también formas estéticas. Pero contrastan con los contenidos casi infantilmente propagandísticos contra los persas, presentados como bárbaros merecedores de la violencia a que son sometidos por los héroes de Leonidas. Pocas veces se ha visto tanta sangre, tantas cabezas y brazos amputados. Nuevamente la éstética traiciona a la ética y el mensaje oculto parece estar dirigido contra Teherán, y el canalla bien podría haber sido el presidente Mahmoud Ahmadinejad, y no el antiguo rey Jerjes.

El cine es el invento social más efectivo del lenguaje humano. De ahí la responsabilidad moral que deberían tener los dueños de esa fábrica fílmica llamada Hollywood. Pero en cambio se deifica la violencia y se justifican racismos a ultranza. En el fondo, una gran pantalla para imponer esa ideología de corte imperial que desprecia y rechaza a todas las demás culturas; pasadas y presentes.

Fuente: www.sigloxxi.com


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