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La salud, ¿tesoro para quién?
Por Jaime Barrios Carrillo - Estocolmo, 29 de abril de 2007
aladinomas@hotmail.com

De nuevo el debate entre la primacía del derecho a la propiedad y el derecho a la vida.

La salud debería ser el máximo tesoso de cada uno, mas no resulta así, en este mundo globalizado pero asimétrico. La asimetría consiste en los contrastes de la salud mundial. Mientras en los países ricos las tasas de mortalidad infantil son mínimas y la esperanza de vida al nacer sigue creciendo, en las partes pobres de la Tierra la situación es muchas veces lo contrario.

No estamos en una época apocalíptica de epidemias, porque ha habido avances (como la disminición drástica de la polio y la lepra) pero nos encontramos lejos de un mundo con salud global, donde las enfemedades curables no causen morbilidad y mortalidad. Con las posibilidades tecnológicas actuales, la humanidad podría estar disfrutando de mejores condiciones de salud.

No olvidemos que la principal causa de la mala salud sigue siendo la pobreza: hambre, falta de higiene y agua potable, etc. La mala nutrición produce organismos propensos a enfermarse. La patología social se refleja en lo biológico.

La curación de enfermedades también es afectada por la pobreza. Los precios de las medicinas pueden ser inaccesibles para millones. Y lo más trágico, es que muchos mueren o padecen consecuencias secundarias permanentes, a causa de males curables no tratados.
La salud es parte de los derechos humanos. De nuevo se plantea el debate entre la primacía del derecho a la propiedad y el derecho a la vida. Qué es lo principal: ¿la patente para que una superempresa obtenga ganacias con la producción de medicinas o la necesidad de millones de seres enfermos que, aunque no puedan pagar, demandan esas medicinas, incomprables debido a la pobreza?

Las prioridades para la investigación médica son establecidas por los intereses de grandes consorcios. Malaria, escorbuto, tuberculosis o varias enfermedades tropicales, son pandemias de los países pobres. En lugar de priorizar los males anteriores, demasiados recursos se usan para investigar las causas de la obesidad, los antipresivos, medicinas cosméticas y preparados proteínicos para rendir mejor en el ejercicio, entre otros aspectos de la salud que resultan secundarios en el rango de afección a la humanidad, pero que tienen gran demanda en los países ricos. El mercado global de la industria de medicinas alcanzó la colosal cifra en 2005 de 600 millardos de dolares. El 85% del mercado está en Estados Unidos (44%), en Europa (30%) y en el Japón (11%).

Los tratados internacionales de comercio tienen una tendencia al proteccionismo de los grandes consorcios, en detrimento de la producción local de genéricos. La influencia de los países ricos en la Organización Mundial de Comercio, es indudable. Intentan la protección de intereses consorciales por encima de las necesidades de los enfermos del mundo. La medicina no debería ser un artículo de lujo ni tampoco una carencia.

Fuente: www.sigloxxi.com


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