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Los hijos de Putin
Por Jaime Barrios Carrillo - Estocolmo, 30 de mayo de 2007
aladinomas@hotmail.com

Todo indica un retroceso en la democratización del ex estado soviético. El caso Litvivenko afecta, aún más, las relaciones con Occidente.

Rusia hoy: corrupción del Estado. Poder de la mafia. Utilización de métodos brutales contra opositores. Impunidad judicial. Violencia escalada. Leyes que restringen la organización de la sociedad civil. Es decir, todo indica un retroceso en la democratización del ex Estado soviético. Y un peligro de regresar, con los nombres cambiados, a la KGB o al “doctor Veneno” de Stalin.

El escándalo del envenenamiento del ex espía ruso Alexander Litvivenko, ha vuelto a la palestra con un hecho sensacional: la posible existencia de un video grabado por un periodista, donde Litvivenko revela haber recibido la misión de asesinar a una serie de personalidades, entre éstas el político Beredzovskij, conocido archiopositor de Putin. El video sólo sería mostrado, en caso de que le pasara algo a Litvivenko o a otros agentes involucrados.

Como se sabe, Litvivenko desertó después del espionaje ruso, y se refugió en Inglaterra, donde fue envenenado en noviembre del año pasado. Litvivenko temía por su vida y la de su familia porque conocía los métodos rusos. Y Litvivenko sabía demasiado, por haber investigado cuestiones delicadas. Como el asesinato a tiros de la periodista Anna Politkovskaia, quien había sobrevivido en 2004, un atentado con veneno. La temática de la Politkovskaia era la corrupción del gobierno de Putin.

Ahora, un fiscal británico afirma tener pruebas suficientes para pedir la extradiccción del ex-agente ruso Andrej Lugovoj, ligado a Putin y al aparato de inteligencia de éste. Se le acusa de haber asesinado a Litvivenko. La coyuntura resulta desfavorable para el presidente ruso, cuando pretende presentar ante el mundo a su régimen como democrático. No pocos han recordado que en 2003, el Gobierno ruso utilizó un sobre envenenado para eliminar al comandante checheno Jatab, y lo intentó contra el primer ministro de Chechenia, Anatoli Poppov.

El envenamiento de opositores no es un método nuevo en Rusia. Rasputín, el extraño místico que influenciaba a la zarina Alexandra, murió “misteriosamente” envenenado. La tradición la continuó Stalin, que ordenó al médico Mayranovski,alias “Doctor Veneno”, que desarrollara un método mortal. Muchos disidentes terminaron su vida envenenados, pero considerados oficialmente fallecidos por paros cardiacos.

No hay que olvidar que Putin fue jefe de la KGB y que no le son desconocidos los métodos que esta agencia utilizaba. Al encumbrarse en el poder como “heredero Delfín” del ahora recién fallecido Jeltsin, Putin se llevó a muchos de sus hombres de la antigua KGB.

Los aparatos clandestinos y los poderes ocultos parecen seguir dañando el proceso democrático en Rusia. Y el caso Litvivenko viene a afectar, aún más, las relaciones con Occidente, tensionadas a causa de temas candentes, como el escudo antimisiles que planea Estados Unidos en Polonia o la soberanía de Kosovo, a la cual se opone Rusia. De todas maneras algo está muy claro: democracia y terrorismo de Estado son esferas incompatibles.

Fuente: www.sigloxxi.com - 270507


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