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Gerontocracia
Por Jaime Barrios Carrillo - Estocolmo, 8 de julio de 2007
aladinomas@hotmail.com

El proyecto ProReforma sorprende, por su pobreza de contenidos.

Lo que parecía ser al principio una broma, resultó una propuesta que gestiona seriamente la gerontocracia en un país de jóvenes. La gerontocracia (del griego geron: anciano y kratos: poder ) es una forma oligárquica de gobierno, donde los ancianos tienen el control.
Manuel Ayau expone en columnas recientes el proyecto Pro Reforma. Este proyecto sorprende, no sólo por su pobreza de contenidos sino por lo estrafalario de las formas.

El objetivo patente es darle fin a la democracia representativa, abogando el advenimiento de una era de patricios-senadores, quienes tendrían que ser mayores de 50 años y elegidos por gente de la misma edad. En el colmo del delirio gerontocrático, ocuparían sus curules por un período de 15 años.

Es necesario recordar que la mayoría de la población guatemalteca es joven, incluso hay un enorme porcentaje de personas menores de 20 años. Con la exigencia de los 50 años se estaría excluyendo a la mayoría de la población del proceso electoral, tanto en la posibilidad de elegir como la de ser elegida. Serían jóvenes interdictos. La despolitización parece ser el mensaje subliminal de este insólito proyecto.

El poder de los ancianos es una concepción artistocrátizante, cercana históricamente a la teocracia y típica de períodos de oscuridad, cuando suele darse una separación entre Ley y Legislación, en virtud de un orden elitista dominado por algunos sacerdotes o por un grupito de ancianos sabios.

Toda oligarquía combate a los partidos políticos que no le son completamente serviles. De ahí las expresiones como “partidocracia”, para descalificar la estructura del sistema de democracia representativa. Se pregona ufanamente así, la única representación válida de toda oligárquía, esa que radica en la delegación forzada de los derechos políticos a una élite autoritaria compuesta por miembros “ilustres” (generalmente ancianos) de esa misma oligarquía. Los intereses oligárquicos chocarán siempre con la democracia representativa, consituída precisamente por partidos políticos.

La pretendida estabilidad del largo plazo es sólo una excusa para legitimar la exclusión. No deja de ser bizarra la idea de que el senado de ancianos sea apolítico, pero que controle y diseñe las “instituciones políticas”. El fondo de todo este caldo no puede ser otro que la concepción evidentemente oligárquica de que “la democracia no basta”.

El grand finale de Manuel Ayau es proponer que el escrutinio tenga la forma de un pago comercial, utilizando la misma técnología de las tarjetas de crédito. Guatemala no está para este tipo de juegos, y menos, la juventud que espera un futuro propio y diferente. Ningún joven quiere ser interdicto de la gerontocracia. Guatemala quiere libertad, no libertarios.

La gerontocracia resulta muy ingenua y no puede nunca sustituir a la democracia radical que se basa en la igualdad de derechos y oportunidades. Guatemala es, después de todo, un país joven y los jóvenes deben tener también la palabra.

Fuente: www.sigloxxi.com


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