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Negocio de niños guatemaltecos
Por Jaime Barrios Carrillo - Guatemala, 19 de agosto de 2007

Algunos ven el negocio de las adopciones como parte del mercado.

Nuestro país necesita impulsar la Convención sobre Derechos del Niño.

La noticia del descubrimiento, por la Policía guatemalteca, de una guardería clandestina en la Antigua, le ha dado la vuelta al mundo. Los medios internacionales recalcan que Guatemala es el país con más adopciones por habitante y que, en el negocio de las adopciones, se benefician algunos abogados corruptos. Existen sospechas fundadas de que se falsifican papeles y se ofrecen pagos en efectivo a las madres a cambio de sus hijos en adopción. También se sabe del robo organizado de niños. Los linchamientos serían formas irracionales que confirman el miedo de la población a las adopciones ilegales.

Unicef ha señalado que más del 90% de los casos de adopción en Guatemala se realizan por vía notarial, lo cual implica la inexistencia de controles estatales para determinar el origen del infante, asegurar el asesoramiento a los nuevos padres y garantizar el libre consentimiento de los progenitores.

Este fondo de las Naciones Unidas ha manifestado su preocupación por los procesos de adopciones en Guatemala y la carencia de supervisión del Estado para controlarlos. Se propicia de esta manera la falta de información respecto a la idoneidad del adoptante y falla el seguimiento de la situación del niño dado en adopción.

Pero en Guatemala hay todavía mucha ignorancia, y subsiste, desafiando al progreso, cierta mentalidad retrógrada que ve el negocio de las adopciones como un asunto privado entre personas y como parte del mercado. Dándole la espalda a la opinión mundial, llegando a extremos que rayan en lo ridículo, como acusar a Unicef de socialista y argumentos mentecatos por el estilo.

Guatemala debe poner en práctica, sin más retrasos, la Convención sobre Derechos del Niño, especialmente el artículo 21, el cual trata del tema de las adopciones, y concretar lo acordado internacionalmente en la Convención de La Haya respecto de adopciones. Es lógico, es humano y es necesario. Lo contrario sería defender un negocio nefando.

La adopción es una forma especial de filiación, que debe proporcionar a los menores un entorno que sustituya, en la medida de lo posible, al padre y a la madre biológicos. Los adoptados tienen derecho a poseer un referente masculino y otro femenino. Y debe prevalecer, siempre, la perspectiva del infante. Sobre todo cuando se trata de adopciones que implican cambios a países con otra cultura y otros rasgos biológicos. Basta con la tragedia del abandono, para encima tener que ser sometidos a circunstancias diferenciantes, que podrían causar daños emocionales. Los huérfanos chapines no deben ser conejillos de indias ni motivo de negocio. Poco saben los defensores del negocio de las adopciones, de los daños psicológicos de crecer en culturas extrañas, con la falsa excusa de que tendrán resuelto lo material.

Desde luego que lo imperativo es que cese la fábrica de huérfanos: la producción en masa de niños de la calle. Un sistema que produce pobres masivamente y, encima, huérfanos debe ser cambiado radicalmente.

Fuente: www.sigloxxi.com


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