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Valorar lo propio
Por Jaime Barrios Carrillo - Guatemala, 26 de agosto de 2007

Los guatemaltecos se acomplejan de ser guatemaltecos.

Otros valores han sido perseguidos.Exiliados.Silenciados.

En Guatemala, cuando hay un clavo que sobresale le dan un martillazo. Las razones de semejante comportamiento autodestructivo, resultan inexplicables. Los guatemaltecos se acomplejan de ser guatemaltecos. Se tiende a ponderar lo malo y lo negativo. A veces, se disfraza este complejito chapin con una llamarada de tusa de soberanía o con una declaración forzada de falso patrioterismo.

Han sido asesinados artistas como Ricardo Andrade y pintores como Juan Sisay. Poetas como Otto René Castillo, Roberto Obregón y Óscar Arturo Palencia. Críticas de arte como Alaide Foppa. Incluso los antiguatemaltecos asesinaron de una manera cobarde y execrable a una ex reina de belleza de Guatemala, como fue Rogelia Cruz. Todos esos crímenes siguen impunes. Y la lista es larga y triste.

Otros valores han sido perseguidos. Exiliados. Silenciados. La "ley de encierro, destierro o entierro" del poeta Alfonso Orantes. Podríamos agregar las muertes causadas por la depresión, el suicidio o el acoholismo de tantos valores guatemaltecos malcomprendidos y mal estimados. Mencionemos al pintor Pereyra, al pianista Manuel Herrarte o al escultor Adalberto de León.

Una historiadora mexicana que visitó la Antigua, estuvo buscando inútilmente la casa donde había nacido el poeta Luis Cardoza y Aragón, a quien García Márquez citó en ocasión de recibir el premio Nobel de literatura. El gran Cardoza tan valorado en México. Pero la historiadora no pudo encontrarla a pesar de que preguntó a personas en la calle (desconocían el nombre de Cardoza) y a flamantes policias de turismo( que no saben ni que es la poesía). El colmo fue que no le pudieron dar información ni en la misma Casa de la Cultura, llamada paradójicamente Cardoza y Aragón.

Recordé entonces, al escuchar la queja de mi amiga, la historia del exilio de Cardoza. La prohibición de sus libros en Guatemala (incluso la quema pública de algunos en 1954). Y al mismo tiempo el hecho de que la Biblioteca Nacional lleve ahora su nombre.

Juan Mendoza, el ilustre bíografo de Enrique Gómez Carrillo, se quejaba del tratamiento dado al gran cronista. La frialdad del gobierno al saberse su muerte en París. La indiferencia del gremio de escritores. Y encima, la inquina a que fue sometido Gómez Carrillo, que al final de sus vidas decía. "En Guatemala no me quieren, sólo iré para que me insulten".

La tesis de Asturias no vino a ser más que excusa para que se le niegue todo mérito a nuestro Premio Nobel. Y que se le acuse de racista, sin tomar en cuenta el contexto en que fue escrito ese texto de juventud. Basta recordar que antes ya había sido vandalizado el monumento, para formarse una idea de como tratamos a nuestros valores. Les aplicamos además de lo anunciado por Orantes, el olvido estructural.

Mientras no exista una educación integral y cambios en las actitudes seguiremos vilipendiando, asesinando, desinformando, persiguiendo y en definitiva, olvidando. Como que se quisiera olvidar que se es guatemalteco.

Fuente: www.sigloxxi.com


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