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Patrimonio no renovable
Por Jaime Barrios Carrillo - Guatemala, 23 de septiembre de 2007

El saqueo de piezas mayas resulta un bochorno del incapaz Estado.

El abate De Boubourg se llevó el Popol Vuh y otros textos a Francia.

Nadie niega que hay que cuidar los recursos naturales. Sobre todo los no renovables. Pero poco se habla de la pérdida del patrimonio cultural. El saqueo de piezas mayas resulta un bochorno del indefenso e incapaz Estado guatemalteco.

Podemos continuar nombrando la exportación ilegal de esculturas y pinturas de la Colonia. O la venta deleznable de legajos del Archivo General de Centroamérica, por un funcionario currupto de una administración anterior. No hay conciencia y la inconsciencia no contribuye a la consolidación de la nación.

Ya Ramón Salazar, a finales del siglo XIX, denunciaba a un coronel Galindo por haber vendido documentos coloniales en Europa, incluyendo un posible inacunable. El saqueo tiene largas y podridas raíces. Aunque en algunos casos resultó siendo la salvación de obras como el Popol Vuh y de las partituras de la música colonial, especialmente la obra atribuída a Tomás Calvo y otros repertorios anónimos.

El abate Brasseur de Boubourg se llevó el Popol Vuh y otros textos a Francia, donde los dio a conocer. No se sabe cómo los obtuvo, pues estaban en el archivo de la Universidad donde fueron depositados después que la orden dominica, la propietaria, fuera expulsada por el gobierno liberal de Mariano Gálvez. El Popol Vuh fue adquirido a la muerte del abate por un tal Alfonso Pinart, quien se lo vendió al etnólogo austriaco Otto Stoll, para que finalmente fuera comprado por el millonario norteamericano Ayer, quien donó el Popol Vuh a la Universidad de Newberry en Chicago, donde permanece.

La pérdida de patrimonio abarca todo los campos. Por ejemplo, los manuscritos inéditos, cartas, fotografías y objetos de Gómez Carrillo, pasaron al fallecer su última esposa, Consuelo Suncín, a manos del “secretario” y chofer de ésta, el señor Martínez Fructuoso, quien hasta la fecha es el flamante propietario, sin que sea posible para los investigadores de la obra de Gómez Carrillo tener acceso a dicho patrimonio. Han pasado 70 años desde la muerte del cronista y sus manuscritos inéditos sólo los puede leer el señor Martínez Fructuoso. Ni el Estado ni la Universidad de San Carlos se han interesado jamás.

La semana pasada se anunciaba que la universidad norteamericana de Yale, devolverá al Perú objetos del tesoro de Machu Picchu. Perú recupera su patrimonio y le sabe dar un lugar, resguardarlo y sacarle ventajas con la oferta cultural al turismo que visita ese país andino.

No creo que Guatemala esté realizando campañas efectivas de recuperación. Se insiste, con frecuencia, que el país no tiene la capacidad de cuidar sus tesoros culturales.

Para muchos es impensable que el Popol Vuh retorne al país. Seguimos siendo una República interdicta. Otros tienen que cuidar nuestro patrimonio. Pero hay que ir cambiando esa idea. Guatemala debe tomar responsabilidad. Y El Popol Vuh y otros textos, el arte colonial y los objetos mayas sustraídos, deberán volver algún día. Mientras tanto, sólo queda hacer conciencia.

Fuente: www.sigloxxi.com


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