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Alfonso Enrique Barrientos
Por Jaime Barrios Carrillo - Guatemala, 30 de septiembre de 2007

Cada vez hay menos gente como esos viejos hidalgos del arte.

Los ciudadanos de la cultura no pueden contar con apoyo del Estado.

Un gran corazón ha dejado de latir. Un hombre de letras llegó a su punto final. Alfonso Enrique Barrientos nos ha legado una gran obra, desarrollada durante una vida dedicada a la literatura, al periodismo y a la enseñanza.

Fue realmente un pedagogo. Miembro de esa notable generacion de güifas de la Escuela Normal, entre los que se cuentan Carlos Gonzalez Orellana, Jaime Barrios Archila, Eugenio Aragón, Jaime Barrios Peña, Francisco López Urzúa, Julio Piedrasanta,Ernesto Ponce Saravia, Amílcar Echeverría y otros nombres que se me escapan.

Alfonso Enrique representa los más altos valores de Guatemala. Lamentablemente, cada vez hay menos gente como esos viejos hidalgos de la ciencia y el arte, ahora que el sanchopancismo se ha tomado la escena cultural y buena parte de los espacios mediales, con un protagonismo vulgar a ultranza que raras veces corresponde al verdadero talento ni tampoco a la entrega ni la honestidad ética y estética.

Guatemala ha perdido a un notable maestro que se preocupó por formar y estimular a los jóvenes. Siempre hubo una puerta abierta en la casa de Alfonso Enrique. Personalmente quiero patentizar mi agradecimiento, por el apoyo que me brindó en aquellos ya lejanos años 80 en el vespertino La Hora donde él dirigía la ‘Página cultural’. Ahí se volvieron papel y tinta mis primeros pinitos, mis obstinadas reseñas y alguno que otro reportaje cultural, en las crónicas y textos que publiqué en la sección/columna que bauticé entonces Ventana de Europa.

No podemos dejar de mencionar el valioso trabajo de investigación sobre Enrique Gómez Carrillo, realizado por Alfonso Enrique. Su biografía sobre El Príncipe de los Cronistas es uno de los estudios más completos sobre la vida y obra de Gómez Carrillo. Además, contribuyó Alfonso Enrique a la formación de la Asociación Gómez Carrillo, de la cual fue directivo durante varios años.

La terrible enfermedad que fue acabando con aquel gran cerebro y que terminó por llevárselo de nosotros, fue un duro proceso para la familia Barrientos Tecún y también para los amigos. Como suele suceder en Guatemala, la gente de letras y los ciudadanos de la cultura, no pueden contar con ningún apoyo del Estado ni de la sociedad. No existen redes efectivas de seguridad y apoyo para los escritores e intelectuales. Resulta necesario enfatizarlo ahora que un nuevo proceso electoral se encamina a su definición y cuando ni siquiera en forma tangencial, los candidatos y ningún partido político, han dicho qué piensan, cómo conciben o qué van a hacer con la cultura.

Lo anterior lo expresamos como una nueva protesta ante la clase política. Tan poco leída, tan poco informada de los valores nacionales. Tan alejada de lo que en esencia resulta siendo, sin embargo, la identidad del país: su cultura. Y la gente que hace y contribuye a esa cultura.

Alfonso Enrique deja una gran vacío. Le sucede un hijo escritor: Dante Barrientos, quien brilla en Francia como académico.

Fuente: www.sigloxxi.com


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