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Washington y el G-24
Por Jaime Barrios Carrillo - Guatemala, 29 de octubre de 2007

En más de 60 años estos actores han influenciado economías.

El G-24 ejerce presión para mejorar el financiamiento a países pobres.

Todos los caminos conducen a Washington pero, ¿qué es lo que nos llega de Washington? Lo más reciente ha sido la reunión anual del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, celebrada la semana pasada.

El Banco presentó una plataforma para impulsar el desarrollo de fuentes alternativas de energía. Pero no se anunció el cese del apoyo a los combustibles fósiles. El Banco Mundial ha recibido en los últimos años críticas por el financiamiento de proyectos que dañaron el medio ambiente, como represas en la India que produjeron desplazamiento masivo de población o el proyecto de desarrollo del noroeste de Brasil, que conllevó a la desforestación de la selva tropical, con daños al ecosistema global.

El Fondo Monetario Internacional, por su parte, reconoció debilidades, tanto de financiamiento como de identifación de prioridades para combatir la pobreza y apoyar la estabilidad económica del mundo.

Conviene recordar los perfiles de estas dos organizaciones mundiales, fundadas en 1944, cuando todavía no se había alcazado la paz mundial. Surgieron en la ciudad Breton Woods y de ahí se adoptó el nombre de esta ciudad americana. El objetivo era enderezar, fortalecer y estabilizar la economía mundial.

Hoy deben verse como los brazos financieros y estabilizadores macroeconómicos del sistema de Naciones Unidas. Aunque los ”dueños” del Banco y del Fondo sean los países miembros con sus respectivos aportes, que equivalen a cuotas de desición en el sistema económico internacional, formado por las dos organizaciones.

En más de 60 años de funcionamiento, estos dos actores han influenciado economías regionales y nacionales, con sus políticas y préstamos. No siempre felizmente, si se piensa en el enduedamiento ilícito de dictaduras militares en los setentas en América Latina, por parte del Banco Mundial. O en las fallidas políticas neoliberales impulsadas por el Fondo en los ochentas y noventas (conocidas como el Consenso de Washington), que llevaron a crisis nacionales ( Argentina por ejemplo) y al aumento de la brecha entre ricos y pobres.

Ha surgido ahora una agrupación de países (llamados G-24) que constituyen un factor de presión para cambiar la legitimidad en las desiciones. Este grupo está encabezado por países como Brasil, India y Suráfrica, que representan economías con grandes crecimientos. Lo que proponen es, a rasgos generales, un aumento de la cuota de votación y de decisión de los países en desarrollo.
En cuanto al Fondo, el G-24 ejerce presión para que se mejore el financiamiento a los países pobres, por medio de la venta de la reserva de oro de la organización. También hubo críticas al Fondo, por su política de forzar al pago de la dueda por encima de la inversión social, apostando a la estabilidad macroeconómica, pero a costillas del combate a la pobreza.

Se espera que el Fondo rediseñe sus políticas, con objeto a una efectivización que puede implicar cambios en las áreas de trabajo y en la misma organización.

Fuente: www.sigloxxi.com


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