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Lecciones y elecciones
Por Jaime Barrios Carrillo - Guatemala, 4 de noviembre de 2007

Un sistema democrático es un mecanismo social de toma de decisiones.

De todas maneras, preferimos la democracia a la dictadura militar.

¿Será cierto que los pueblos tienen el gobierno que se merecen? Conecto la cuestión al expresado descontento de muchos analistas y de columnistas, que coinciden en que la oferta electoral ha sido mala y que ahora entre los dos finalistas, es como escoger entre la peste y el cólera.

La votación de la primera vuelta alcanzó, sin embargo, un 60 % de participación, lo que para Guatemala es alto. La gente votó. Y es de esperarse entonces que, a la larga, se cumpla el viejo axioma de que la demanda crea su oferta. Aunque la gente “que sabe” de política afirme que las opciones fueron deficientes y algunas muy malas.

De todas maneras, Guatemala tiene más de 20 años de democracia. Dos décadas desde los sangrientos gobiernos militares y una del fin del conflicto armado interno. Celebrar elecciones generales sin que “los generales” impongan al elegido, es sin duda un gran progreso.
Hemos venido insistiendo en el punto de que la democracia tiene varios niveles. Uno de ellos, importante pero no definitivamente el único, es el multipartidismo y las elecciones generales. La democracia representativa es otro nivel, quizás fundamental, para cristalizar una sociedad realmente democrática.

Un sistema democrático es un mecanismo social de toma de decisiones. Con las dos fases de democracia representativa y la participativa. La primera, refiere al sistema de partidos y elecciones. Con la debilidad de que la representación puede corromperse y los representantes (o clase política) se representan a sí mismos. La democracia participativa implica una dinámica más social, no sólo de mecánica electoral sino de participación de amplios sectores ciudadanos. La sociedad civil forma parte esencial de la democracia.

La democracia guatemalteca se debate entre el sueño y la pesadilla de despertar, cada mañana, con la inseguridad y la pobreza tocando las puertas. Porque la democracia debe suministrar resultados. Si brinda salud, educación, seguridad y empleo, entonces el país se habrá democratizado. Los principales logros deben ser la disminución de la pobreza. Entendemos por pobreza no sólo lo económico/material, como la falta de recursos y empleos o de vivienda, sino también la ausencia de participación, los obstáculos para influir en las decisiones que a todo nivel atañen a los ciudadanos.

Se anhelan cambios y que sucedan pronto. Cualquiera de los dos que gane tendrá una gran responsabilidad. Y el perdedor no lo será tanto, en cuanto haga una oposición constructiva. La democracia que no se desarrolla se pudre, se convierte en un ritual y en fachada. De todas maneras, preferimos la democracia a la dictadura militar y, como hace 4 años, llamamos a votar. No hacemos desde esta columna proselitismo por nadie, sino por el mismo sistema llamado Democracia (con mayúscula) y que es “el poder del pueblo”. Aunque sepamos que todavía en Guatemala existe el peligro de que buena parte de clase política busca sólo el cratos y le importa menos el demos.

Fuente: www.sigloxxi.com


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