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De la revolución maoísta al capitalismo descarnado, sin escalas
Por Jorge Carro L. - Guatemala, 18 de febrero de2005
jcarrol@intelnet.net.gt

Los tres grandes periódicos editados en París atraviesan importantes crisis financieras. Le Figaro, el tradicional órgano de la derecha, ha sido adquirido por Dassault, cuya fortuna se basa en la fabricación de armas. Le Monde busca una inyección de capital de 50 millones de euros, la mayor parte de los cuales los aportará el Grupo Editorial Hachette, cuyo propietario Lagardère, también es uno de los grandes de la industria militar francesa. Y el tercero, Libération, el periódico fundado por Jean-Paul Sartre y Serge July -uno de los líderes de Mayo del 68- ha caído en manos de Edouard de Rothschild, poseedor de uno de los apellidos que el imaginativo popular identifica más con el capitalismo y el poder del dinero.

July consiguió del hijo del barón Guy de Rothschild la promesa de que, pese a que controla el 37% del capital del rotativo, no intervendrá, ni siquiera se pronunciará, sobre la línea editorial. Sin embargo, estimo que a partir del depósito de los primeros 20 millones de euros, en las cuestiones del Medio Oriente, Libération será más indulgente con Ariel Sharon y le perdonará su fanatismo.

En teoría, Mr. Edouard cedió poder, pero -en la práctica- son July y los suyos quienes se rindieron. La razón es simple: para sobrevivir, el diario necesitaba con urgencia esos 20 millones; mientras que July ya se aseguró su permanencia como director, aferrándose al banquero como a un náufrago del Titanic a un salvavidas.

Libération vendía en los años 80 un promedio diario de 200 mil ejemplares. Hoy está acorralado por la caída en las ventas, ya que el modelo editorial impuesto hace más de 30 años languidece frente a las líneas light que envenenan el periodismo en todo el mundo. Por tanto, Libération, para su supervivencia dependerá de los millones que aportó y aportará Rothschild.

Para que esto fuera posible, la Sociedad Civil del Personal de Libération, el colectivo de redactores y trabajadores que tenía el control del periódico, tuvo que pronunciarse en una votación celebrada en la sede del que alguna vez fuera paradigmático rotativo. De los tres "colegios electorales", dos votaron a favor y uno en contra. Los obreros del taller se pronunciaron masivamente en contra. Los redactores (acomodaticios a "La voz del amo", como suele suceder, y no sólo en Francia) votaron a favor, mientras que los administrativos casi rozaron el empate. Finalmente, tras una consulta a los servicios jurídicos, se dio por aprobada la entrada de Rothschild.

No creo que haya que volcar las críticas por la operación al capital. Lo interesante es comprobar la increíble capacidad de adaptación que tiene la izquierda a cualquier situación, demostrando una apertura mental digna del supuesto pluralismo de la derecha. Versatilidad para ir un día a Washington y otro a la proletaria Porto Alegre, entrevistarse un día con Fidel Castro y otro con Condoleezza Rice.

Sólo los que no comprenden la pugna que hay entre las dos únicas superpotencias que existen en estos tiempos hamburguesados y bobalizados, y que son, USA por un lado, y la opinión pública mundial, por otro. Y es precisamente para conseguir el control de esta última, donde la izquierda "lucha" no para conseguir la utopía de la realización de los hombres, sino para conseguir objetivos de poder en esta nueva patria, en este nuevo Estado, que es el de la comunicación, donde los periodistas light hacen el mal remunerado papel de los tontos "compañeros de ruta".

Mientras tanto, ¡arriba corazones!; la hegemonía de la opinión pública depende de la capacidad para dar respuestas satisfactorias en un territorio absolutamente inmaterial.

Fuente: www.sigloxxi.com


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