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¿El terrorista o el mercenario?
Por José Carlos Marroquín - Guatemala, 28 de agosto de 2004

Luis Posada Carriles no es un terrorista.

Terrorista es quien implantando el miedo en la sociedad logra desestabilizar las instituciones para fines políticos, religiosos, etc.
Luis Posada Carriles es un mercenario.

Mercenario es quien utiliza el terrorismo para cobrar jugosos cheques como los que los anticastristas en Estados Unidos le han dado históricamente a este asesino para cometer sus deleznables actos.

Ayer anunciaron autoridades de los países centroamericanos que no se le abrirán las puertas excepto en Honduras, claro, donde está el presidente Maduro, que fue quien impulsó la condena contra Cuba en materia de Derechos Humanos.

Pues lo triste es que Posada no necesitará del permiso de nuestras autoridades para andar con tantos nombres como le dé la gana. Antes, vino como Ramón, Ignacio, José Ramón Medina, Juan José Rivas, Julio César Dumas, Franco Rodríguez Mena, etc., como una simple muestra de la cantidad de identidades que el frustrado asesino de Fidel Castro ha tenido entre Guatemala, El Salvador y demás países centroamericanos.

La organización anticastrista tiene en Guatemala y en otras naciones (por medio de la Fundación Nacional Cubano Americana) organizaciones fuertes, que invierten cantidades de dinero que si no fueran para botar a Castro, seguramente serían vinculadas a alguna mafia.

Estas organizaciones son las que nutren de fondos al mercenario y a sus equipos y que no me vaya a venir la señora presidenta de Panamá, Mireya Moscoso, con la paja de haber rehabilitado en estos pocos años de sombra a semejante animal.

El ahora viejo personaje, nació un 15 de febrero de 1928 en Cienfuegos y tiene también la nacionalidad venezolana.

Posada derribó un avión (73 muertos frente a las costas de Barbados en 1976), ha fomentado ataques suicidas con explosivos y, en general, ha sido la mente maestra de la destrucción. Pues este personaje se ha movido en la sociedad guatemalteca.

Fue empleado de Guatel en la época de la guerra, para manejar las escuchas telefónicas y denunciar a los "enemigos del régimen" para que por la más mínima sospecha de algún sentido comunista, fueran incluidos luego en las listas de ejecutables. O sea, una de las mentes más enfermas y radicales para juzgar de tajo a las personas.
Personalmente me molesta que en un mundo en el que se quiere condenar cualquier acto terrorista, caigamos otra vez en esa doble moral con la que vivimos de condenar como el más vil acto si la ofensa es para nosotros, pero aplaudirla si es para el enemigo. Iguales son las viudas, los huérfanos y las lágrimas de los deudos que dejaron los de Al Qaeda que las que ha dejado ese pistero de Posada Carriles.

Los terroristas y los mercenarios han sido y serán siempre, una partida de cobardes con ingenio que lo utilizan para asesinar a traición, con total ventaja, sin el menor escrúpulo.

Esa es la gente a la que Mireya Moscoso le ha dado el "perdón" presidencial una semana antes de entregar el poder. Esa es la gente a la que la Fundación Nacional Cubana Americana, aquella que pide que se valoren los principios fundamentales, les ha pagado para que terminen con la vida de inocentes.

El tema no es si era a Castro, Fox, Bush o contra cualquier otro mandatario. Es simplemente el no poder seguir tolerando a asesinos como estos.

Tomado de www.lahora.com.gt


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