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El 7% con acceso al agua
Por José Carlos Marroquín - Guatemala, 30 de agosto de 2004

El sábado publicamos la noticia de que el 7% de los guatemaltecos tiene acceso al agua potable y no solamente me parece que es completamente alarmante por las razones de salubridad y desarrollo, sino que aun más, injusto desde cualquier punto de vista.

Invertir en recursos para la gente en el inicio del presente siglo, ya es más obligación que programación. Es un trabajo que debería haber sido realizado con décadas de anterioridad y el retraso que tiene es sumamente delicado.

Sin embargo, dejando a un lado la cifra como un puro indicador de infraestructura y el deber de la inversión, debemos analizarlo desde el punto de vista moral hacia la gente que al 30 de agosto del AÑO 2004, NO TIENE AGUA POTABLE.

Claro que el país tiene grandes deficiencias y es por ello que no somos desarrollados. Pero también es claro que nos hemos acomodado en el concepto de país en vías de desarrollo para ocultar el retraso y justificar las distorsionadas prioridades que como Estado tenemos con nuestra gente.

Que en la época en la que estamos, cuando nos damos el tupé de hablar de globalización, de Tratado de Libre Comercio y de tanto tema de "comercio mundial", ni siquiera tengamos la capacidad de garantizar acceso a agua potable a nuestra gente, tiene que ser motivo de vergüenza.
Y es que encima de todo, muchas personas de las "ilustres" tomadoras de decisiones, son aquellas que permiten el brutal desperdicio que verdaderamente lloraremos a futuro.

Pero lo más deprimente es que no solamente en el tema del agua es que estamos así. El acceso a la educación y a la salud es igual de dramático y estamos matando a un pueblo entero por la ambición.

No querer reconocer los grandes problemas que el país y su gente tienen, es una ceguera que lo único que nos hace es ir más retrasados en casos tan delicados como éste.

Cuando un adulto que viene a la capital, se da cuenta de las grandes y marcadas diferencias sociales, tiene que preguntarse por qué y cuándo se dieron, pero especialmente, qué hacer para que sus hijos corran con suerte diferente.

Guatemala no puede continuar con esa falta de compromiso para combatir la pobreza. Estamos evadiendo la lucha contra el peor y más injusto de los enemigos.

Los fondos que servirán para que las PAC le den su voto a un diputado o para que no molesten al Gobierno, bien podrían ser utilizados para iniciar programas de inducción de agua potable a caseríos y aldeas que literalmente se mueren de sed en el país.

Y así como en este ejemplo, habrá miles de otros casos en los que haciendo un esfuerzo y cumpliendo con la exigencia moral de solidaridad con el prójimo, podríamos ir paso a paso avanzando en las soluciones que por falta de valor y de justicia hemos ido dejando sin enfrentar.

No más guatemaltecos sin agua, alimentación, salud y educación. Que esa es nuestra guerra.

Tomado de www.lahora.com.gt


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