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Mohammed Abdel Raouf Arafat Al-Huesini o Yasser Arafat y el liderazgo en Guatemala
Por José Carlos Marroquín - Guatemala, 13 de noviembre de 2004

Ha muerto Yasser Arafat, amado por su pueblo y odiado por muchos. Un líder político, que a diferencia de lo que estamos acostumbrados, supo siempre qué y cómo lo realizaría.

Arafat, nacido en El Cairo en agosto de 1929, vivió parte de su infancia en Jerusalén donde aprendió a ser repudiado por los judíos por su origen palestino. Desde sus cortos cinco años y tras la muerte de su madre corrió en las calles de Jerusalén recibiendo el desprecio del pueblo enemigo.

Con su adolescencia se da su primer síntoma de liderazgo cuando se inscribe en la universidad y forma parte de la Federación de Estudiantes Palestinos, en la cual asciende hasta llegar a ser de sus principales dirigentes.

Terminada la universidad de la que se gradúa como ingeniero civil, forma la Unión de Graduados Palestinos de la que se autoproclama presidente y de allí en adelante es aceptado por sus compañeros de grupo como tal.

En su partida a Kuwait donde se convierte en contratista, surge el movimiento Al-Fatah (victoria por el Jihad), en el que se determinan a luchar por el respeto y la aceptación de Palestina.

Esto, que fue en 1957, le abre las puertas hacia una rama política mucho más amplia que en la que se estaba desarrollando.

Cuando la Liga Árabe forma la Organización para la Liberación de Palestina, OLP, entiende que ése será su objetivo y cinco años tras su instalación, se convierte en el máximo líder hasta el momento de su muerte.

Arafat que, seguramente como han salido ya a luz algunos detalles, tuvo sus errores y actitudes que siempre fueron secretos en una vida pública.

Pero tuvo la grandeza de ser la cara del enfrentamiento contra un sistema que quería la opresión de su pueblo y que, económicamente, ha hecho lo que le da la gana con los palestinos y con el mundo entero.

Arafat dijo NO a su manera. Violenta para algunos pero a la altura de las medidas de los judíos para otros. Personalmente, admiro que no haya perdido de vista su objetivo y que, le guste a quien le guste, haya logrado avances que nunca antes hubiera soñado su pueblo.

En Guatemala nos vendría bien un liderazgo tan auténtico. Una persona que haya trazado su vida preparándose para hacer lo que tiene que hacer en el momento de cambiar las estructuras que rigen a su pueblo.

El ejemplo de Arafat y el dolor, que algunos califican como fanatismo, de su gente y su ejército al verlo partir, me pone a pensar en qué figura tenemos nosotros para poder decir que es símbolo de algo.

Hoy por hoy están ya personas del gobierno planificando y haciendo obras basados en ver quién se hace con la gracia de ser el sucesor del presidente Berger. Eso no se llama liderazgo sino ambición sin medida o egoísmo.

Claro que el liderazgo no se puede pedir en la farmacia para que se lo tomen los enfermos de personalismo. Es algo que se cultiva y se genera a partir de la inteligencia individual y que con una actitud de triunfador hace cambiar el estatus en el que se encuentra algo malo. Así fue Arafat y así debería ser el futuro líder de Guatemala. Él fue enterrado, pero sus ideas seguirán rigiendo el futuro de Palestina por generaciones. Esa es la diferencia entre un líder y un egoísta.

Tomado de www.lahora.com.gt


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