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¿Y si concesionamos el Estado entero?
Por José Carlos Marroquín - Guatemala, 2 de marzo de 2005

La Ley de Concesiones que está en el Congreso de la República es prácticamente la entrega total del aparato estatal a manos privadas para la ejecución y administración de la obra que hoy por hoy es pública.

Si esa intención tan clara tiene el decreto, ¿por qué no concesionamos también los puestos y organismos?

Sería mejor que una firma de abogados de prestigio se encargue de hacer el papel de juzgadores porque el sistema judicial en la mayoría de los casos es sumamente deficiente.


El Ministerio Público podría ser entregado a otra oficina de abogados penalistas que cobre por caso porque seguramente así sí se avanzaría más en temas de persecución penal. Seguro esa firma, si tuviera entre sus filas a Celvin Galindo, lo corre por ineficiente y con despido justificado.

En el caso del Gobierno, se le podría dar a una policía privada el sistema de seguridad ciudadana para eliminar la PNC e igualmente se le cancelaría por tasa delictiva para obligarlos a que cumplan su función de protección.

No digamos el Ministerio de Comunicaciones porque fácilmente se le puede entregar a una constructora que por obras cobre y hasta el tiempo de ejecución sería menor porque no les interesará retrasarse para no incrementar los costos.

El ministerio que debería existir entonces y que funcione como el único organismo del Estado, es lo que ahora es el Ministerio de Finanzas Públicas para que se encargue de recaudación (concesionada) y cancelación de los servicios en general de todas las instituciones.

Si esta estupidez fuera la solución a la situación del país, hace rato que se estaría haciendo de esa manera porque los poderes paralelos del Estado ya hubieran visto el beneficio directo en hacerlo así.

Yo quisiera preguntarle a alguno de los empresarios que forman parte del Gobierno si estarían interesados en "concesionar" sus empresas para que sean manejadas por terceros.

Lógicamente la respuesta será un NO rotundo porque en las actividades privadas, con pistos propios, son sumamente eficientes mientras que en las públicas aceptan con total descaro que no lo son y que mejor se lo dan a sus cuates para que lo administren ellos.

Parte de la función del Estado es la operación pública y hay acciones y obras que no pueden ser concesionadas.

Lo que falta es ganas de hacer las cosas como Dios manda, trabajando de verdad, fajándose en los puestos y menos antojos de entregar en "negocio" los trabajos públicos a los cuates.

Si con la mediocridad que se trabaja en la obra pública se hiciera en la empresa privada, hace rato que la crisis del país sería total porque no funcionaría nada de nada. Pero por supuesto que como están jugando con dinero que no les cuesta y lo que les afecta es que se reparta en manos no amigas, es más sencillo decir "que lo haga otro".

Entonces, ¿para qué tenemos funcionarios? Sólo para partir el pastel.

Tomado de www.lahora.com.gt


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