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Con qué tela si no hay arañas
Por José Carlos Marroquín - Guatemala, 17 de agosto de 2005
jcmarroq@lahora.com.gt

Ha iniciado el rumor de una futura ola de venganzas entre miembros de las famosas pandillas juveniles o "maras" por lo ocurrido el lunes en los centros de detención y, lógicamente, no hay forma de evitar que se desencadene este maratón de la muerte que seguramente será sumamente cruel.

El tema de las maras se está viendo como uno de los problemas de seguridad cuando verdaderamente tiene que ser considerado como un punto de Seguridad Nacional; es decir, más allá que un simple asunto del crimen.

No hemos sido capaces de evitar el incremento en el número de mareros porque económicamente, sigue siendo una interesantísima oferta para los jóvenes el estar enrolados en un grupo que les ofrece mucho más que una sociedad que les tiene cerradas las puertas a ambiciones sobre bases legítimas de desarrollo individual.
Se quiere combatir a las maras y eliminar el problema, pero mientras no se realice un cambio radical en la agenda social para priorizar la generación de oportunidades, no podremos esperar resultados diferentes a los que estamos cosechando hoy.

Pedimos a las autoridades que terminen con el ambiente de inseguridad. Pero ni siquiera entienden que con los niveles de pobreza y desesperanza que hay en el país se está empujando a generaciones enteras a buscar medidas alternativas.

No aumentar el salario mínimo o querer olvidar la necesidad de garantizar oportunidades reales para la población, genera desesperación que luego se tornará en una invitación a otro tipo de medidas que, en este caso, son violentas.

"Con qué tela si no hay arañas", es el dicho popular cuando se quiere algo sin tener cómo o con qué obtenerlo y es claro que en este caso es imposible que se logre evitar el crecimiento de las maras mientras sigan viendo la única opción de una mejora económica individual por medio de asociación en grupos delictivos.

Vamos tarde ya para iniciar el rescate de esa sociedad que ha sido abandonada y hasta escondida en algunos casos. Simplemente porque queremos pensar como país desarrollado en cuanto a libertades sin asumir las responsabilidades que ello conlleva.

Si queremos evitar hechos como el del pasado lunes, limitar la capacidad de reclutamiento de las maras y obligar a los ciudadanos a que por lógica vean el desarrollo por medios lícitos, necesitamos hacer inversiones en un sistema social mucho más prometedor para nuestros ciudadanos.

Teniendo 12 años, alguien que ve a su padre salir de madrugada al trabajo, regresar de noche cansado y sin dinero entre la bolsa pero con muchas deudas sobre el comedor; tan cansado el padre que no se interesa si fue o no el hijo a la escuela, etc.; no creo que el joven se inspire en su progenitor para ser así cuando crezca.

La otra oferta la encuentra al abrir la puerta de su casa y ver que quien tiene el mejor carro, más dinero, la novia más guapa del vecindario, muchos amigos y siempre vive feliz con poco esfuerzo es el líder de la mara, seguramente deseará ese status que incluso tiene la capacidad de cegar ante el riesgo de la muerte.

Ojalá que en la agenda de la Seguridad Nacional se entienda que la inversión social es necesaria para evitar que los números de la gente mala sigan creciendo.

Tomado de www.lahora.com.gt


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