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Los defensores de la soberanía
Por José Carlos Marroquín - Guatemala, 13 de octubre de 2005
jcmarroq@lahora.com.gt

Duele. Tener que gastar en cosas que no funcionan, que son desperdicio, que es un grupo de amigos en donde sólo se prestan las chamarras para taparse los clavos. Duele gastar así cuando el país necesita tanta inversión en otras cosas.

Con Stan hemos visto que el Ejército de Guatemala sólo sirve para recibir y mover plata. Lo que ha quedado de aquella entidad represiva, pero eficiente en ejecución del Estado, es nada.

La Defensa Civil, aquella que permite que se dé asistencia y protección a los ciudadanos en eventos no bélicos, no contó más que con unos cuantos miembros de la institución castrense que hasta he pensado que están allí porque quedaron atrapados en el desastre. Sólo los alumnos que están en CONRED, que son poquísimos, son los que se han visto cargando bultos al menos.

El ejército tendría que haber sido capaz de presentar mapeo con las poblaciones en el área de desastre, medios de acceso alternos a las vías normales, etc., porque de eso se trata una Seguridad Nacional.

Han estado con las canillas como plumas cuando los soldados beliceños persiguen y asesinan a los campesinos peteneros, no pueden reaccionar ante el narcotráfico que viola las fronteras llegando al colmo de contratar a algunos de los oficiales para que les den seguridad a los capos y, para colmo de penas, no pueden accesar a comunidades que por desastres naturales quedan abandonadas.

Me imagino que tal que durante una tarde de invierno nos decidiera invadir un país extranjero y se vuela un puente. El Ministro de la Defensa pidiendo tiempito para que se calmen las lluvias y que puedan poner un bailey para poder llegar y, lógico, a negociar porque, qué es eso de enfrentarse.

Hace unos años, ver un Pabellón Nacional era escalofriante y más si se tenía a un miembro del ejército frente a él. El militarismo tan criticado hacía que el taconeo y el sometimiento de la persona al símbolo patrio como señal de compromiso con Guatemala impresionaba a cualquiera.

Hoy por hoy, el Ministerio de la Defensa se da el lujo de tener una Bandera hecha chirajos en sus instalaciones (antigua Escuela Politécnica... Véala si puede) porque al fin y al cabo han demostrado que son fieles y sometidos a las chequeras más que a la patria.

Quiero ser claro que no se trata de volver al sistema militarizado que tanto daño nos causó. Se trata de poner en la dimensión real a una institución que no sirve para nada, pero que nos cuesta como que fuera indispensable.

No puedo creer que todo oficial del Ejército de Guatemala sea exactamente como lo que reflejan algunos. Apelo a la dignidad de aquellos que siguen convencidos de ser los Defensores de la Soberanía Nacional para que vengan a modificar el papel que juega la institución militar por cualquiera de las dos opciones posibles.
Primero, que utilicen los fondos en una modernización de verdad que haga al ejército cumplir con su papel en tiempos de paz y estar listos para enfrentar las eventualidades que, bélicas o no, pongan en riesgo a la población.

Segundo, si eso no puede ser realizado, que pongan en la dimensión real al Ministerio de la Defensa para que evitemos seguir tirando el dinero en algo que no sirve.

Tomado de www.lahora.com.gt - 121005


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