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No existe traducción literal para la palabra democracia en el idioma Kaqchikel?
Por Julio Donis - Guatemala, 22 de junio de 2007

El concepto de democracia no tiene una interpretación exacta en kaqchikel como tampoco lo hay en varios de los principales idiomas de la cultura indígena, a decir el k'iche', mam o el q'eqchi'. Las significancias más cercanas están entre pueblo e igualdad.

Esta aseveración encierra un drama detrás de la misma y denota nada más y nada menos, que la realidad de una superposición o imposición de una lógica diríamos más occidental, sobre una propia u originaria de este país.

De lo que escribo en este artículo es de la convivencia de la que son sujetos guatemaltecos indígenas y ladinos, tratando de conciliar dos imaginarios sociales y políticos construidos de distinta forma, que se derivan de procesos históricos diferenciados en un mismo ámbito geográfico.

Específicamente sobre la forma en que se ve y se asume la política desde el mundo ladino, fundamentado por ejemplo en el origen griego de conceptos como democracia y política; y sobre la forma como se asume el poder y la participación en la población indígena, normado por formas propias de autoridad, construidas socialmente en el tiempo.

Es un hecho que Guatemala, siendo un país con una realidad multicultural, está llamado a retos y dilemas más fuertes de establecer puentes interculturales que el de sociedades más homogéneas, esto no ha sido extraño al mundo de la política. A continuación describiré de forma analítica, conceptos y formas diferenciadas referentes a la política, a pesar de que ese mismo concepto no necesariamente se entiende de la misma forma en los dos ámbitos, es decir el ladino (asumiéndolo como occidentalizado) y el indígena (como el originario). Esto tiene una relevancia práctica al relacionarla con la política electoral, que como se verá más adelante, no es lo mismo emprender una campaña en el Departamento de Guatemala, que en el Departamento de k'iche', y no lo menciono por el sentido centralista que es obvio, sino por las diferencias culturales y los retos que esto impone para un partido político.

Antes de entrar en la profundidad del tema, hay que indicar que ha habido esfuerzos lingüísticos, desde la academia principalmente, de encontrar formas y mecanismos que faciliten la comprensión de los idiomas, y por lo tanto de los pueblos. Además hay que indicar que existe el Convenio 169 y el Decreto Legislativo No. 19-2003 Ley de Idiomas Nacionales, que promueven el reconocimiento y preservación de idiomas indígenas. De tal cuenta una de las iniciativas ha sido la creación y asimilación de neologismos para el mejor entendimiento, con efectos prácticos para la jurisprudencia por ejemplo. Esto se resume en esfuerzos serios de diseño y elaboración de diccionarios de idiomas indígenas y castellano.

El drama de las diferencias

Dicho eso, paso a exponer el drama de las diferencias y algunas confluencias identificadas a partir de una entrevista con el amigo Demetrio Cojtí, reconocido académico: para el mundo ladino religión y política están separados como producto de un proceso de separación de poderes. En el ámbito indígena, la forma espiritual de la cosmovisión, incorpora y permea las formas de autoridad y poder.

En el mundo occidental de la política partidaria, el acceso a espacios de poder se obtiene sobre un reconocimiento de recursos materiales, y en el mejor de los casos, sobre reconocimientos académicos y profesionales; dicho más lapidariamente por dinero y títulos. Para el mundo indígena es relevante la honorabilidad obtenida por prácticas como el servicio a la comunidad, en una suerte de meritocracia.

Sobre los tiempos en la política. Es claro que los períodos de 4 años para la presidencia marcan ritmos y lógicas de competencia por el poder. En cambio para la concepción de muchos pueblos indígenas, la calidad de señor principal, presenta una dificultad de acceso, pero cuando se obtiene es vitalicia.

Paso a una similitud. La práctica de las consultas comunitarias denotan mecanismos que se reconocen en las dos realidades, y que tiene utilidades y beneficios prácticos para ambas, sobre todo en lo local.

Efectos prácticos para la campaña electoral.

Sobre la diferenciación anterior hay implicaciones prácticas para coyunturas tan importantes como la actual campaña electoral, que se puede traducir en barreras a la participación política de la población indígena, pero que denota también retos para los partidos a la hora de difundir su mensaje. Hay que decir, sin embargo, que aquellas diferencias planteadas arriba no tienen que revertirse necesariamente, son así y el reto para una sociedad es que sepa respetarlas y asimilarlas. Entonces, por ejemplo, el hecho de que la campaña electoral se desarrolle principalmente en castellano, limita la amplia participación; la tradición de la palabra empeñada, como forma de compromiso, contra la práctica de regalos de los partidos por el voto (láminas, fertilizante, gorras, machetes, celulares, etc) corrompe dicha forma de relacionamiento; por otro lado, la campaña electoral se desarrolla especialmente en el ámbito central de la capital, sobre la misma lógica centralista de los partidos.

Entonces, dígame usted, cómo aspira un partido a ganar votos si para empezar hay diferenciación en la apreciación del concepto de democracia, y ya no digamos en cosas como la significancia de los colores. Obviamente el camino no puede pasar por uniformizar el discurso y la estética electoral, pero tampoco se puede asumir que todos entendemos la realidad por igual, porque además las oportunidades no se dan en condiciones de igualdad para todos sino de inequidad extrema, así de difícil la tiene cualquier partido porque así de compleja es Guatemala.

Fuente: www.lahora.com.gt - 190707 - Sección Suplemento Político


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