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Hacia la construcción de un nuevo Estado
Por Javier de León - Guatemala, 27 de enero de 2007

Muchas han sido las ópticas desde las que se ha analizado el tema del sistema financiero, desde que se dio la intervención de dos bancos, el del Comercio y del Café, por la Superintendencia de Bancos, SB, con los respectivos matices que corresponden a cada caso. Lo que es seguro es que, en la medida y acorde al paso del tiempo y conforme van saliendo a luz más detalles de lo sucedido, más serán los elementos de análisis que se obtendrán. Varios son los efectos que se le atribuyen, desde la natural perdida de confianza de los cuenta-habientes, que se sienten estafados por los bancos, hasta la idea que se ha elucubrado desde las oficinas del Ministerio de Gobernación, que le atribuye todos los males del sistema bancario a la participación del crimen organizado.

Pero de toda esta serie de análisis y artículos, que sin duda han propuesto elementos importantes para armar de mejor forma el rompecabezas que constituye la actual situación del sistema financiero, uno ha tenido el merito, como se diría popularmente, de ponerle el “cascabel al gato”. Es decir, llegar al punto central de lo que a nuestra consideración debería ser la discusión fondo.

Corresponde, por ello, resaltar el planteamiento hecho por Juan Luis Font en la columna de opinión: “Fijarle limites al poder económico” (El Periódico 22/01/07) en la que expresa que “Las instituciones del Estado encargadas de impedir los fraudes que hoy se lamentan se encuentran atadas de manos por una legislación ambigua, en el sentido que privilegia la libertad para actuar de quienes operan un banco o una financiera en el país, antes que la defensa del dinero de los ahorrantes”. Y adelante agrega que, como una consecuencia en ese escenario, “El sistema bancario tiende hacia una concentración evidente”. Y por ultimo, como clave para la resolución del tema apunta: “En una democracia real como en un autentico sistema de mercado, lo único capaz de velar por el derecho de la mayoría y poner limite a un poder económico avasallador es el Estado”.

A partir de estas tres ideas planteadas es que podemos concluir que en la medida en que el Estado siga sirviendo, como medio, para el beneficio de la cúpula económica, cualquier cantidad de cosas pueden seguir ocurriendo, igual o en mayor escala, similar que a lo que miles de guatemaltecos están viviendo al quedarse sin ahorros. Conviene en este punto recordar que el Estado de Guatemala fue hecho y pensado para responder a los intereses de la clase económica dominante, basado en la propiedad privada.

Y es precisamente esta realidad la que nos lleva a plantearnos algunas interrogantes, como por ejemplo ¿Por qué si en el pensamiento neoliberal existe el principio de reducir a su máxima expresión el Estado para cumplir únicamente con las funciones de promover el desarrollo libre del mercado, la seguridad de éste y lo relacionado con su legalidad, sigue beneficiándose de la forma en la que lo hace? Si no es su función. ¿Por qué solo cuando es de su conveniencia el Estado es obligado por ellos a cumplir funciones (que según ellos) no debe?

Al respecto vale la pena decir, de forma firme, que no hay que creerle a los neoliberales cuando plantean la supresión del Estado.

Sobre esto existen suficientes elementos de análisis, como el planteado por Atilio Boron, que citando a John Williamson, un economista ortodoxo australiano radicado en Washington, que escribió el libro de donde surge la famosa frase de “Consenso de Washington”, señala que el mismo Williamson afirma que Washington “no siempre practica lo que predica”.

Pero para ser más exactos Boron plantea que “Los Estados gobernados por regimenes neoliberales, lejos de suprimir el Estado, lo expandieron”. El caso, mas preciso, de esto lo ubica en Estados Unidos pues “después de tanta charlatanería neoliberal, tiene hoy un Estado mucho más grande que veinte años atrás”. ¿Y por qué? Porque su economía capitalista requiere cada vez más de la intervención del Estado. El punto es que lo hace, pero por debajo del agua como comúnmente decimos. Ejemplo, “Con subsidios masivos a las empresas norteamericanas hechos por el gobierno bajo el titulo de programas de formación de personal”. Porque es a través del sistema educativo que esos subsidios pasan a las empresas privadas. Otro caso que pone de manifiesto la intervención estatal es a través del control social, pues en la sociedad estadounidense el Estado sabe perfectamente quién es cada ciudadano, en dónde vive, el tipo de lectura que hace y hasta cómo se paga lo que consume, principalmente después de los atentados del 11 de septiembre.

Para fines prácticos de este articulo, lo anteriormente expuesto, nos muestra que el Estado sigue desempeñando un papel muy importante. Sigue siendo ese espacio en donde se dirime la pugna por el poder. Por eso es que la conquista del Estado por parte de la izquierda (no como fin ultimo), sigue siendo un debate con plena vigencia y abierto, para poder llevar al Estado a otro estado, uno en donde la correlación de fuerzas sea diferente. En la actualidad el Estado es el único con la capacidad de regular las actividades que se desarrollan dentro de nuestra sociedad, sean estas de carácter económico, social o político. Y para el caso que nos atañe es el único que puede y debe “Fijarle límites al poder económico”.

Fuente: www.i-dem.org – Nueva Época - Número 1129 - 260107


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