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Los jóvenes debemos tomar la palabra
Por Javier de León - Guatemala, 6 de febrero de 2007

Según los últimos análisis demográficos oficiales, Guatemala es un país conformado mayoritariamente por hombres y mujeres jóvenes; esta característica supondría un énfasis serio, especial, es decir la juventud debería ser vista por las autoridades como un actor importante de nuestra sociedad. Como un sector que depende de las oportunidades que se le brinden para que en el futuro sea promisorio y determinante en cuanto al desarrollo de nuestro país.

A pesar de ello la imagen que tiene la sociedad de los jóvenes es negativa, en términos generales. Esto podría decirse que está determinado, en parte, por la diferencia generacional, fundamentada fuertemente en ideas como: “ya no es como antes”, “ya no es como en mis tiempos”.

Pero también se puede decir que el actual contexto social, político y económico no es el mismo, que el de nuestros padres y menos al de nuestros abuelos. Pues en las generaciones de los cuarentas a los sesentas tuvieron la oportunidad de acceder a una vida mejor, con niveles superiores de educación, factor que les permitió a muchos incorporarse de mejor forma a la sociedad.

En el caso de los jóvenes urbanos, de los setentas a los noventas, estas condiciones se redujeron enormemente, las incertidumbres a las que les tocó y toca enfrentarse son mayores en el ámbito de lo económico, lo laboral, lo cultural, etcétera. Además las crisis económicas que el modelo neoliberal ha venido provocando terminaron de acentuar esta situación de desventaja para los jóvenes.

De esta situación, en la que se ven inmersos cientos de miles de jóvenes urbanos, especialmente de capas medias y populares, surgen múltiples conflictos de carácter social, por ejemplo es a partir de aquí que surgen estereotipos de lo que es ser joven, que además está indiscriminada y fuertemente identificado con la violencia, la criminalidad, la delincuencia.

Esta reflexión surge a partir de la contrariedad, de la rebeldía frente a la marginación, aunque la realidad es la que señala que Guatemala es un país de hombres y mujeres jóvenes, pero que en los diferentes ámbitos de la sociedad sean éstos, partidos políticos, empresas privadas, sector público, medios escritos masivos (salvo contadas y respetadas excepciones), nuestra voz, participación y opinión está ausente. Limitándose nuestra presencia, en la mayoría de casos, a posiciones meramente decorativas, como fuerza laboral explotada, o como comodines en las últimas páginas de los medios.

A pesar de esta realidad, es necesario hacer ver que no somos uno, ni tampoco dos los que hemos elegido la reflexión y la palabra como herramienta para expresar nuestro pensamiento; aunque seamos pocos frente al enorme reto que tenemos que enfrentar. Somos muchos los que hemos decidido tomar como arma la educación, pero no la formal y acartonada, sino la que se adquiere en los centros de estudio y de trabajo, a partir del pensamiento crítico, de la reflexión y del cuestionamiento de lo establecido y que nos ha sido impuesto. Estamos entre los miles que rechazamos la estética “moderna” y el pensamiento único para valorarla, los que acrecentamos nuestras palabras con tanta corrupción.

Hoy los jóvenes deben y necesitan tomar la palabra frente a la exclusión y la estigmatización.

Fuente: www.i-dem.org – Nueva Época - Número 1135 - 050207


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