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La música, una construcción social determinada por su contexto
Por Javier de León - Guatemala, 11 de mayo de 2007

Por medio de la música percibimos el mundo; a su vez, la música es hija del tiempo en la que es creada y producida. De ahí la necesidad de intentar establecer una relación entre la música y el ámbito social, económico, político y cultural de cada sociedad, para poder descifrar lo que se expresa mediante los sonidos de una determinada época.

Las manifestaciones musicales están vinculadas a las condiciones culturales, económicas, sociales e históricas de cada sociedad. La música tiene como finalidad la expresión y creación de sentimientos, pero además, y de mucha importancia, se constituye como un efectivo transmisor de ideas y de una cierta concepción del mundo.

Si tómanos la música como un fenómeno cultural debemos tener en cuenta lo complejo de su análisis, ya que la música como lo dice Josep Martí, en su libro, “Más allá del arte. La música como generadora de realidades sociales”, -No es tan solo un conjunto de productos que deben ser enmarcados en un contexto sociocultural. El mundo musical está formado también por procesos, estructuras, actitudes, valoraciones, transformaciones, funciones, comportamientos rituales, significaciones, etcétera. El fenómeno musical no debe interesarnos sólo como cultura, en el sentido más restringido de patrimonio, sino también como elemento dinámico que participa en la vida social de la persona, y al mismo tiempo la configura-.

En la sociedad actual, dominada por el espíritu mercantilista, la música se expresa a través de una diversidad de géneros que responden a la existencia de cambios constantes en los gustos, impulsados, en su mayoría, por la sociedad de consumo en la que vivimos y fomentada desde los medios de comunicación, especialmente las transnacionales de la información electrónica; aunque las expresiones auténticas de música con contenido o ligada a las expresiones populares se niegan a ser absorbidas por el mercado y se mantienen vigentes.

La música actual se caracteriza, entonces, por una gran variedad de estilos y lenguajes. Este importante cambio en la estructura musical y en las relaciones que giran en torno a ella ha sido consecuencia de la actividad económica llevada a cabo por la industria musical. Una industria, que ha priorizado el aspecto comercial de la música, en detrimento de la posibilidad de comunicación e interacción social y que pone al alcance de todos una amplia gama de productos musicales de ritmos fáciles y pegajosos y letras simples, que en su gran mayoría carecen de valor literario.

Es así como en el mundo actual la música se ha convertido en producto de consumo, destinado fundamentalmente a un público joven. Este tipo de comunicación a través de la música tiene como fin primordial, aunque no único, el de ser un importante instrumento de alienación. El mensaje es simple, alejar la música de la crítica social y acercarla al ámbito de lo trivial. Este tipo de música corresponde a un mundo como en el que vivimos: egoísta, individualista y en donde el pensar ha sido, de forma exitosa, sustituido por lo visual.

Paralelamente, junto a esta música nace el consumo de todo lo que rodea a este inmenso mercado musical (ropa, discos, artículos decorativos, etcétera). En este contexto el éxito de los grupos musicales depende del sistema de consumo. Es decir, se les apoya y promueve haciendo millonarias inversiones, si la música producida se enmarca en los cánones estrictamente comerciales y, por tanto, si tiene la posibilidad de ser rentable en términos económicos para empresarios y trasnacionales, finalmente los músicos y compositores menos conocidos son los que menos retribución económica alcanzan. De lo contrario es considerada como carente de valor en el mercado musical.

Podemos decir entonces que la finalidad de la música actual se basa esencialmente en el comercio y en la creación de productos que alienan, instan y llevan a las masas al consumo. En palabras sencillas lo que la industria de la música persigue es crear música tonta para crear tontos.

Ante esta situación en que la música ha sido utilizada con fines meramente lucrativos, y dado que la música tiene un enorme potencial para la construcción de identidades, en contingentes jóvenes de diferentes estratos sociales, es necesario el apoyo y promoción de expresiones artísticas con sentido y contenido coherentes con la realidad y contexto en que les toca vivir, promoviendo acciones reivindicativas, incluso abiertamente militantes.

Fuente: www.i-dem.org – Nueva Época - Número 1196 - 090507


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