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Un desgastado sistema político en Guatemala
Por Javier de León - Guatemala, 6 de julio de 2007

Las elecciones generales que se realizarán el 9 de septiembre de este año deberían ser, para la sociedad guatemalteca, un ejercicio en donde los ciudadanos tuvieran la oportunidad de elegir dentro de varias propuestas programáticas, de diversos signos ideológicos, a la organización política que se alternará la administración de la cosa pública. En teoría esto tendría que ser así, si partimos del supuesto que dejamos atrás la época autoritaria en donde se definía quien gobernaría a Guatemala por decisión de juntas militares. En consecuencia y de forma progresiva, la incipiente democracia se vería cada vez más fortalecida. Pero definitivamente, la realidad demuestra que esta cuestión es mucho más compleja.

La situación actual da lugar a una interpretación pesimista, puesto que ni existen verdaderas instituciones políticas, ni existen propuestas programáticas. Por el contrario lo que se ha observado de la actual campaña política son descalificaciones entre contendientes. Es más, las campañas como en procesos eleccionarios pasados se fundamenta únicamente en el mercadeo. En estas condiciones, la lógica indicaría que el actual estado de cosas permanecerá sin cambios sustanciales por cuatro años más.

Este extremo puede ser comprobado si revisamos algunas propuestas, tanto de organizaciones como de personas de forma individual que están promoviendo que el voto de la ciudadanía sea nulo, ante la falta de verdaderas propuestas programáticas y de la dinámica que ha tomado la actual campaña electoral.

Cualquiera pensaría que la lógica de la mayoría estaría determinada por estas propuestas. Sin embargo, es necesario que esta visión urbana, sea superada, porque no necesariamente es la visión que se tiene en las diferentes regiones del territorio guatemalteco. Bastaría darse una vuelta por diferentes departamentos, municipios, aldeas y comunidades, para darnos cuenta que la visión, que en esto lugares se tiene, dista mucho de la que tenemos en la capital (el centro urbano más grande de Guatemala).

A nuestro entender, lo que esta situación expresa es una limitada visión en cuanto a cómo se viven los procesos eleccionarios en territorios más allá de la capital guatemalteca. Porque para el resto de guatemaltecos las elecciones podrían ser una especie de feria que se da cada 4 años. En donde los candidatos llegan de visita a las más alejadas regiones, con vistosa propaganda, gorras y playeras, y si a esto le agregamos las nuevas modalidades de propaganda que incluye rifas y espectáculos musicales, entonces podemos ver que las elecciones son una especie de carnaval para los habitantes de estas regiones.

El cuadro se completa el día de las elecciones, cuando las organizaciones políticas, con tal de obtener el favor del voto, llegan con dinero en mano ofreciendo además, transporte para el centro de votación más cercano, a lo que se agrega la alimentación.

La situación se torna compleja cuando no se toma en cuenta que existen departamentos en el occidente del país, como Totonicapán, que cuentan con un alto nivel histórico de organización social natural, en donde el proceso eleccionario no es tomado tan a la ligera, y en donde predominan los intereses locales. En ese proceso intervienen diferentes sectores de su estructura social para la decisión de las candidaturas.

De regreso a la visión urbana, de una cosa sí hay certeza y generalizada coincidencia, este sistema político no corresponde a nuestra realidad y da muestras de agotamiento. La muestra más fehaciente la encontramos en la misma Ley de electoral y de Partidos Políticos y las limitaciones que de ella devienen y las que impone. Siguiendo están las mismas organizaciones políticas, cada vez más agotadas.

Esto nos lleva a considerar y parafraseando lo que alguien ha dicho que la política es arte y no ciencia, que no es ésta la que desprestigiada, sino son los procesos electorales y la política partidista los que están superadas.

Fuente: www.i-dem.org – Nueva Época - Número 1238


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