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Quien quiera un país distinto, que tire la primera piedra
Por Javier de León - Guatemala, 12 de septiembre de 2007

Luego que las elecciones del 9 de septiembre transcurrieran sin mayores sobresaltos, queda un enorme sensación de vació en algunos sectores, especialmente para la población joven, llegando para algunos a rozar el rechazo por la inundación de propaganda que tuvimos en los medios comerciales y en las calles. Pero además, por la falta de contenido en los discursos y propuestas de los candidatos. Especialmente por la preponderancia que tiene en nuestro sistema de partidos políticos la mercadología en las campañas electorales en detrimento de los planteamientos concretos y el debate. Propios de una verdadera institución política real.

Efectivamente, esta campaña constituyó eso y más. Sin embargo, desde esta perspectiva se corre el riesgo de desdibujar, lo que a nuestra consideración, son los temas de fondo y que básicamente se limitan a los temas que tiene que ver con el poder, la democracia, y un sistema de representación, que desde su génesis está pensado y diseñado para limitar de forma sustancial a los partidos políticos y la participación de la población. Imperando únicamente la ley del más fuerte y con más recursos económicos.

Resulta entonces, importante, reflexionar y debatir como jóvenes sobre estos temas, a fin de lograr más claridad y en consecuencia actuar. Especialmente, cuando se recogen opiniones de electores jóvenes, hombres y mujeres, que ven con desinterés y sin ningún sentido un proceso eleccionario. Que no es otra cosa que la consecuencia natural de la cultura y la practica política que se arrastra en nuestro país. Que en última instancia se expresa en el desencanto y desaprobación del ejercicio de la política electoral.

Retomando entonces el primero de los temas importantes, es necesario para reflexionar sobre el poder, partiendo de la sociedad capitalista en la que vivimos. Y agregar que se hace necesaria esta forma de abordaje por la proliferación de ideas sobre su irrelevancia, especialmente en algunos sectores minoritarios de izquierda. Fundamentado en que relacionado con procesos eleccionarios, particularmente con los partidos políticos, son otros quienes tienen el poder de decidir por nosotros. Este punto es algo en lo que no podríamos sino estar de acuerdo. A pesar de esta situación es pertinente evitar considerarlo como algo abstracto o intangible con el que se emborrachan y que es ejercido desde algunos sectores.

Porque es precisamente ese poder el que nos ha dividido estructuralmente entre ricos y pobres, entre explotadores y explotados. Y renunciar a éste supone depositar en las garras capitalistas el control sin limitaciones de la economía, la política, prácticamente todos los ámbitos de la vida social. Lo cierto es que para el caso particular de Guatemala, las elecciones, garantizan el dominio de poderes económicos, a través de elecciones, con ropaje de “democráticos”. Pero eso no significa la renuncia a esta vía. En todo caso lo que no se ha podido construir desde la izquierda es un movimiento como tal, que este articulado a un proyecto político verdadero que utilice llegar a la administración del Estado como vía para realizar cambios más profundos y de ahí plantearse una sociedad que no se capitalista.

En segundo termino, esta la discusión del la democracia como régimen. Si existe o no en nuestro país. Lo que es seguro de acuerdo a los indicadores es que existe todo menos democracia, entendiendo ésta con el sentido que la dotó Aristóteles, como el régimen en donde las mayorías gobiernan, en beneficio de los más pobres. Pero en Guatemala, las llamadas “democracias” gobiernan en beneficio de los más ricos y esto queda planamente demostrado con los gobiernos de derecha en los últimos cincuenta años de nuestra historia. Profundizando de manera drástica las desigualdades. Expresada de manera concreta en términos de económicos y de justicia social.

En suma, el problema con la llamada “democracia” es que ha sido desprovista de todo contenido, determinada por el mercado. Limitada a la convocatoria del pueblo simplemente a participar en comicios, también para nuestro caso determinados por el mercado.

El ultimo tema esta relacionado precisamente entre la relación perversa del sistema de partidos políticos y mercado. En el que los partidos no tienen posibilidades de ser representativos y funcionar como un mecanismo de intermediación entre las reivindicaciones sociales y el Estado.

Por ello, los partidos no son ni instituciones, ni representan más que los intereses de sus dirigentes. Destinados a oxigenar el sistema mediante procesos de supuesta elección, constituyéndose en una especie de maquinarias electorales, que no tienen vida política interna y que dependen, casi exclusivamente, del financiamiento privado; haciéndolos vulnerables a la devolución, por medio del pago de favores.

Finalmente, no existe una fórmula milagrosa que cambie de tajo el actual orden de cosas. No es posible quedarnos en la negación de las cosas. Tampoco se considera como solución renunciar a la toma del poder como un paso en una estrategia revolucionaria. Es necesario plantearse un horizonte post capitalismo. Ese es el reto, la construcción. Alejado de la lógica electoral y de las figuras que tanto limitan.

Fuente: www.i-dem.org – Nueva Época - Número 1285


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