Agricultura, hambre y sub desarrollo
Por Javier De León - Guatemala, 12 de junio de 2008
Ahora mas que nunca se puede constatar que la propuesta agro empresarial, de modelo económico inspirado en el libre mercado, que plantea la inserción a la mundialización, privilegiando únicamente el mercado, puede quedar completamente descartada. A diferencia de la propuesta del sector campesino que pone al centro de cualquier propuesta el desarrollo humano, la vida y la igualdad.
Con anterioridad se ha señalado con suficientes argumentos que la sustitución de la agricultura familiar, campesina, de subsistencia y los mercados locales, por la agroindustria, orientada al cultivo de productos no tradicionales (flores, arbeja china, etc.) lejos de resolver el problema de la precaria economía y alimentación campesina, lo agrava.
Si estos hechos concretos los relacionamos con el actual contexto a nivel nacional y con la difícil situación económica por la que atraviesa la sociedad guatemalteca, sin mucha dificultad observamos como la precaria situación económica que prevalecía, principalmente, en el campo se ha empezado a extender a centros urbanos en donde habitan importantes sectores de capas medias las cuales han empezado a ver, sin poder hacer nada hasta el momento, cómo su economía familiar se empieza a deteriorar, producto de la crisis económica que profundiza viejos problemas, ahora, vestidos con nuevos ropajes.
En Guatemala, el ámbito en el que se más se ha expresado de forma alarmante la crisis económica mundial, tiene que ver directamente con el acceso a los productos de la canasta básica. En consecuencia la seguridad alimentaria. Sobre este tema nada ilustra mejor lo expuesto por Boaventura de Souza Santos, sociólogo portugués, cuando advierte en su artículo Un hambre infame que el “El hambre del mundo es la nueva gran fuente de lucro del gran capital financiero, y sus ganancias aumentan en la misma proporción que el hambre”.
Que ya en algunos países como México y Haití se han producido revueltas que han provocado incluso hasta la perdida de vidas humanas. Sin duda el problema del hambre no es nuevo. Lo nuevo en la crisis que se presenta son sus causas y la forma en que son ocultadas.
Por el contrario la verdadera causa de esta crisis deviene, cómo lo señala De Souza Santos “de la especulación que produce el capital financiero transnacional al invertir en mercados agrícolas internacionales tras la crisis que se dio en la inversión en el sector inmobiliario”.
En palabras más sencillas, el origen de la escalada en los precios de granos está determinada por “la articulación de interés de las grandes empresas que controlan el mercado de semillas y la distribución mundial de cereales: con el capital financiero que invierte en el mercado de futuros con la expectativa de que los precios continuarán subiendo y, al hacerlo se refuerza esa expectativa”. En consecuencia, “cuanto más altos sean los precios, más hambre habrá en el mundo, y mayores serán las ganancias de las empresas”.
Muy por el contrario a lo que los medios comerciales de comunicación presentan, atribuyéndole la escasez de productos agrícolas al calentamiento global, al aumento del consumo de cereales en la India y en China; al incremento de los costos del transporte producto de los precios internacionales del petróleo. Si bien es cierto que estos han profundizado el problema, no necesariamente son las causas principales en el aumento hasta en tres veces del precio real de los granos como el arroz.
Finalmente, tras de estas causas se esconde una razón mayor, y es que las políticas económicas neoliberales, desde hace más mucho tiempo vienen tratando de imponer a países del tercer mundo, una lógica que incentiva a producir productos agrícolas no tradicionales, en detrimento de la producción de alimentos para alimentación de las propias poblaciones.
Se impone entonces, desarrollar una lucha frontal en contra del capitalismo. Y la sociedad guatemalteca debe desarrollar nuevas lógicas de consumo, que privilegien los mercados locales y exigir al Estado la promoción de producción de productos agrícolas.
Fuente:www.i-dem.org - Nueva Época número 1458 - 110608 |