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Participación política de los indígenas en Guatemala (I)
Por José David Son Turnil - Guatemala, 25 de enero de 2019

A partir del 18 de enero de 2019, se abre la posibilidad de involucrarse en un nuevo proceso electoral para renovar las autoridades del Organismo Ejecutivo, el Legislativo y el poder municipal. La convocatoria pública realizada por el Tribunal Supremo Electoral abre este nuevo escenario en medio de una crisis institucional en el país, por la reacción de sectores que han sido afectados por la lucha contra la corrupción, y que tratan de volver al estado de cosas anterior a abril de 2015. Estos sectores políticos elitistas buscan mantener sus privilegios a toda costa y han visto en la acción de la Cicig y el MP una amenaza a sus intereses mezquinos. Aunque la lucha se desenvuelve finalmente a nivel de lo jurídico, la campaña de desinformación ha afectado a una parte de la población que parece estar frustrada y cansada de las maniobras tanto del Congreso de la República, como en el Organismo Judicial y ya no digamos en el Organismo Ejecutivo.

Se considera que la apertura del nuevo proceso electoral permitirá disminuir las tensiones y abrirse a la crítica. Seguramente, la lógica del poder funciona así, en tanto más se acerca el cambio, los funcionarios empiezan a perder autoridad y apoyos. La tendencia es apoyar a la nueva opción que se alza con las probabilidades de gobernar los próximos cuatro años. Dentro de este contexto, la población indígena tiene un papel importante, que, hasta ahora, muy poco ha capitalizado en su favor. En nuestro sistema electoral, el indígena ha sido tratado como un voto manipulable, fácil de engañar, fácil de acarrear y de comprar.

En gran medida, los indígenas ven en el proceso electoral, la oportunidad de resolver problemas de carácter local e inmediato y no han logrado visualizar metas de más largo plazo. Cuando tuve la oportunidad de participar en un proceso electoral en Totonicapán, me recorrí las aldeas y municipios, hablé con los comunitarios en nuestro idioma k’iche’, traté de trasladarles un mensaje sencillo pero contundente de la necesidad de avanzar en los cambios para dignificar a los indígenas y puse énfasis en el valor de un voto racional y sin clientelismo. Pocos me entendieron y después de fogosos discursos con gran contenido político, la respuesta era atender a diferentes grupos comunitarios presentando sus proyectos de infraestructura, y la petición de aportes desde mi condición de candidato.

La experiencia en ese 1995 fue interesante, mucha frustración al ver a mis paisanos abandonar las filas del partido político que representaba e ir detrás de los candidatos ladinos, por un obsequio, una promesa o simplemente por dinero. Comprendí lo que Karl Marx había señalado, cuando explicó la diferencia entre la clase en sí y la clase para sí. La mayoría de indígenas son una clase en sí, y muy pocos han logrado dar el salto cualitativo de constituirse en una clase para sí. Dentro de la población indígena se encuentran varias vertientes del pensamiento social y político, como se explicó el año pasado en los artículos preparados dentro de esta sección. De esta manera, los comités cívicos, y los partidos creados por indígenas, en lugar de tener auge, permanecen en los últimos peldaños de la aceptación del electorado. Por esa misma razón, se perdió la consulta popular de 1999 sobre la reforma a la Constitución Política, que incluía el reconocimiento de los pueblos indígenas. La población indígena, en su gran mayoría, no ha logrado asumir una consciencia de clase, con claridad sobre su situación y su potencial.

De otra manera, ¿cómo se explica que, en departamentos como Totonicapán, con más del 90 % de indígenas aptos para votar, los diputados y alcaldes sean mayoritariamente ladinos o indígenas manipulados por los ladinos? ¿Cómo se explica que expresiones indígenas como Winaq, no tengan mayor incidencia política? ¿Cómo se explica que candidatos indígenas como doña Rigoberta Menchú no alcancen ni el 5 % en una votación popular? Así, sucesivamente, se podría continuar preguntando diversos resultados adversos en las iniciativas políticas para los pueblos indígenas. En cambio, es común que en los más de veinticinco partidos políticos funcione una coordinadora indígena, porque a todos los partidos políticos les interesa la participación indígena con fines electorales, pero sin comprometerse con cambios estructurales. La estrategia fundamental de los partidos es desarrollar acciones clientelares con los líderes comunitarios para garantizar el voto indígena a su favor.

En esta serie, trataré de plantear a la respetable audiencia las premisas más importantes de la participación indígena, para generar la controversia y el diálogo político durante este proceso. Asimismo, trataré de responder muchas interrogantes sobre el presente y futuro de la participación de los indígenas en la política nacional.


Fuente: www.gazeta.gt


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