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Y siguen queriendo tapar el sol con un dedo
Por Juan Fernando Hernández E. - Guatemala, 19 de enero de 2007

Las noticias a nivel mundial en cuanto a los cambios de clima han sido alarmantes. Ha habido un invierno demasiado débil en Europa y el este de Estados Unidos, este último reemplazado por heladas catastróficas; un invierno tan crudo en el oeste de Norteamérica como para arruinar la cosecha de cítricos en California y la amenaza real de sequías y temperaturas extremas para Centroamérica como consecuencia de los efectos de El Niño. Sin embargo, los mismos de siempre (neoliberales, libertarios y otros de su calaña), siguen proclamando a gritos que los que nos preocupamos por el ambiente somos unos “ecohistéricos”. Estas son las mismas personas que quieren continuar al frente de la política, el derecho y la economía. Estos son los mismos que desean reducir el Estado al mínimo e instaurar un congreso de senadores nobles y patricios que según su esquema se reproducirían ad eternum. También pertenecen a este conjunto los educadores y los educandos de más de una universidad y varios colegios privados. No solo son poderosos, sino que también se multiplican y esperan dejar su legado para las futuras generaciones. Cuando se escucha a estas mismas personas decir que no debe existir un aporte económico para los ancianos que no tienen otro ingreso porque estos “no previeron para su vejez” y otras cosas absurdas por el estilo, se da uno cuenta que la expresión “querer tapar al sol con un dedo” se cumple todos los días y a todas horas en Guatemala.

No obstante, la ciencia siempre prevalece. Hace ya muchos siglos, Galileo fue obligado a retractarse de su teoría de que la tierra giraba alrededor del sol por la Inquisición. Dice la historia que no obstante este castigo, Galileo exclamó “eppur si muove” (y sin embargo se mueve), contradiciendo las órdenes de los inquisidores. Darwin tuvo que enfrentar una fuerte oposición en la Inglaterra del Siglo XIX porque su teoría de la evolución le resultaba molesta al “establishment”. No obstante, hoy nadie con sus pies sobre la tierra duda de los principios básicos de la evolución. Estos y muchos otros científicos han dejando claro que aunque haya muchos en el poder que no quieran ver la realidad porque no les conviene y, lo que es peor, quieren ocultar esa realidad a las mayorías porque les conviene tenerlas engañadas para someterlas, la ciencia y la verdad prevalecen.

Sin embargo, en nuestro país la investigación científica y los resultados de esta no están dentro de las prioridades de los políticos. Por ejemplo, me pregunto si los diputados actuales, los aspirantes a diputados, los candidatos y los asesores conocen obras como el “Plan Ecorregional para las Selvas Maya, Zoque y Olmeca” elaborado por científicos de diversas instituciones públicas y privadas de México, Guatemala y Belice. En este trabajo se da a conocer la situación actual de esta región y se proponen tanto una agenda para hoy como una visión para el futuro. ¿Conocen los políticos este trabajo? ¿Lo han analizado con sus asesores y las personas que los financian? De ser así podríamos estar un poco más tranquilos. Pero esto está por verse. Ojalá que antes que avance el proceso electoral tengamos evidencias concretas de que los políticos conocen la situación real de nuestra región en términos ambientales. Que están dispuestos a apuntalar la investigación científica y sus resultados. Sólo así podemos pensar que su interés por nuestro futuro es auténtico y no están queriendo tapar el sol con un dedo.

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