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Ciencias Naturales y Sociales en la Educación Privada: ¿Qué les están enseñando a nuestros niños y jóvenes?
Por Juan Fernando Hernández E. - Guatemala, 21 de enero de 2007

Al inicio de cada año escolar se hace patente que sufrimos una terrible deficiencia en la educación pública a todo nivel. Esta no llega a cubrir sus objetivos y los fondos (no porque no los haya, sino porque el gobierno los destina a otros fines) no alcanzan para la construcción de edificios escolares adecuados, la adquisición de libros, útiles y equipo de laboratorio, y, lo que es más importante, para estimular la participación de maestras y maestros debidamente motivados y preparados. Como consecuencia, la educación privada ha tenido un extraordinario desarrollo. Esto en sí no es negativo. Es positivo que existan muchos centros educativos que sirvan a los diferentes sectores de la sociedad, pero la calidad de la enseñanza que se imparte en ellos debiera ser óptima y supervisada constantemente para que así se mantenga.

En la actualidad hay demasiados colegios e institutos que operan en condiciones muy deficientes. Muchas de estas instituciones ocupan casas particulares o edificios que no fueron diseñados para centros de enseñanza. Por ejemplo, no cuentan con las mínimas condiciones de seguridad, las cuales hasta la fecha no han sido probadas, literalmente, al fuego. No quisiera ver nunca el resultado de un incendio en uno de esos colegios que opera en una pequeña casa particular, casi sin ventanas y al fondo de un callejón sin salida. Pero este peligro real no es el único peligro. Existe otro, y muy preocupante, que es el resultado, a mediano y largo plazo, de la educación científica, en las ciencias naturales y sociales que se le está dando a nuestra juventud.

El florecimiento de ideologías conservadoras y retrógradas, y la proliferación de sectas y creencias fundamentalistas ha permitido que casi cualquier ideología e “iglesia” tenga su propio colegio o instituto, cobrando a veces sumas increíbles de dinero a los padres o tutores por una educación que dista mucho de ser la más apropiada. Y dentro de esta educación deficiente, ¿qué clase de ciencias naturales y ciencias sociales les están enseñando a la juventud? Por ejemplo, cuando la “iglesia” está asentada sobre un fundamentalismo arcaico, con toda probabilidad no enseñarán a los jóvenes los principios del origen del Universo, el desarrollo del sistema solar y las eras geológicas. Menos aún les enseñarán sobre la evolución de las especies y los seres humanos.

En cuanto a las ciencias sociales, como muchos de los que apoyan a estas instituciones se rigen por una cultura autoritaria, machista y retrógrada que señala que los hijos deben obedecer sin chistar a los padres y a las autoridades establecidas, seguramente no estimularán un verdadero sentido sano de cuestionamiento de las estructuras sociales y económicas prevalecientes ni el planteamiento de inquietudes que amenacen el status quo. Además, cuando el o los dueños del establecimiento educativo participaron o participan dentro de una política archiconservadora, neoliberal en extremo, represiva o militarista, tampoco inculcarán una visión crítica de la realidad social del mundo actual y menos de Guatemala. Peor aún de lo que ocurrió durante los años del conflicto armado interno.

¿Cuántos de estos colegios e institutos cuentan con laboratorios y bibliotecas bien equipados? Seguramente los hay, pero son muy pocos para los millones de niñas, niños y jóvenes que los requieren. Estas instituciones bien equipadas están disponibles solo para aquellos que pueden pagarlos o para jóvenes becarios cuyas habilidades no son las de la mayoría. Entonces, ¿quién debe preocuparse por ejercer la supervisión del contenido y la calidad de la educación científica privada? Ciertamente, el Ministerio de Educación. Sin embargo, temo que algunas de las personas que actualmente ejercen puestos de supervisión en el Ministerio no sean precisamente las más indicadas para hacerlo. Con el gobierno anterior perdimos cuatro años de oportunidad para mejorar la educación privada. Parece que con este gobierno vamos hacia lo mismo. Es probable que los y las jóvenes que se formaron durante el período 2000 – 2004 ya estén empezando a desempeñarse dentro de la vida pública como profesionales. ¿Podrán superar las deficiencias en su educación científica natural y social para hacer avanzar a nuestro país? ¿Se preocuparán las próximas autoridades ministeriales de vigilar porque así sea? Dejo la pregunta abierta a los candidatos presidenciales y sus asesores.

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