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¡Bravo por los huehuetecos!
Por Juan Fernando Hernández E. - Guatemala, 14 de febrero de 2007

Resulta reconfortante saber que existen comunidades que están conscientes de cuán importante es proteger su entorno, permitiendo o no la explotación minera a cielo abierto.

Los alcaldes como el de Concepción Tutuapa tienen razón al afirmar que aunque “no hay interés de ninguna compañía por explorar en el municipio, es necesario definir el sentir de la población”. Recientemente, al menos cinco comunidades huehuetecas (Santa Eulalia, Colotenango, San Juan Atitán, Todos Santos Cuchumatán y Concepción Huista) se han pronunciado en contra de proyectos mineros. Es muy importante que los gobiernos locales y el gobierno central respeten la decisión de estas comunidades. Ellos no se oponen al progreso, simplemente se oponen a contaminar su agua y su suelo y a destruir el futuro de sus hijos y nietos.

Es condenable que las compañías mineras contribuyan al enfrentamiento al interior de las comunidades, beneficiando a unos pocos y dañando el patrimonio de la mayoría. También es condenable que actúen como los colonizadores del Siglo XVI, obsequiando baratijas a cambio del valioso patrimonio natural de Huehuetenango o San Marcos.

Aunque la explotación minera puede llevarse a cabo sin perjudicar del todo al ambiente, esta explotación es más cara y quizás más difícil. Pero, ¿acaso son nuestros habitantes menos que los habitantes de las áreas rurales de los países desarrollados? No es correcto que se actúe como si los huehuetecos sean seres inferiores o tengan menos derechos que ellos. A estas comunidades rurales ubicadas en países desarrollados casi con seguridad se les explica con claridad los costos y beneficios de un proyecto minero en su territorio. También se tienen que respetar las normas ambientales federales, del estado o la provincia. Estas, sin ser perfectas, casi con certeza son más estrictas que las de países pobres y con un alto porcentaje de población analfabeta. Por esto, antes de autorizar cualquier proyecto, se hace necesario responder a algunas preguntas: ¿Se les explica en su idioma y en términos accesibles a las/los habitantes de comunidades rurales de Huehuetenango cuán peligrosa puede ser una mina a cielo abierto? ¿Las autoridades locales y las/los líderes comunitarios se informan lo suficiente para considerar cuán arriesgada puede ser esta explotación? No dentro de cinco o diez años, sino cuando sus hijas e hijos pequeños sean adultos, con empleo digno, salario justo y prestaciones adecuadas y sus nietos empiecen a asistir a la secundaria (bi- o trilingüe, según sea el caso). ¿Se les ha explicado a las comunidades cómo afectará el cambio climático su acceso al agua y los cambios que deberán hacer en sus costumbres agrícolas o ganaderas? ¿Comprenden las/los habitantes de la zona cuán importante es reforestar ya los cerros y barrancos, proteger la fauna y la flora e impedir la descarga de desagües en los ríos y lagunas y la acumulación de desechos sólidos a la orilla de los caminos? ¿Pueden tomar decisiones libres, debidamente informados por personas imparciales? ¿Están conscientes de que si permiten algún proyecto en su municipio deben cuidar de que los municipios río abajo no sufran las potenciales consecuencias negativas de esto? Si respondemos si a estas preguntas, quizás entonces podríamos decir que nos acercamos al progreso.

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