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"Playing chicken"
Por Juan Fernando Hernández E. - Guatemala, 20 de febrero de 2007

En los años 50 del siglo pasado surgió entre la juventud de Estados Unidos el peligroso y morboso juego de “playing chicken” o sea jugar a la gallina, el cual consistía en que dos automóviles tripulados con jóvenes de diferentes grupos o pandillas enfrentaban sus autos en la carretera; una vez frente a frente, aceleraban a más no poder y aquel que primero se desviaba para evitar la inminente colisión se consideraba cobarde, y por tanto, recibía el sobrenombre de “gallina”. Esta práctica no cabe duda, acarreó un tremendo número de muertes, mutilaciones y desconsuelo, hasta que las autoridades educativas, estatales y federales la desautorizaron. Aunque aún se practica, la frecuencia con la que ocurre es mucho menor.

Sin embargo, en Guatemala seguimos jugando a la gallina con una frecuencia pasmosa. Es proverbial el número de veces que los pilotos de los buses extraurbanos se enfrentan en la carretera, al disputarse el pasaje o intentando rebasar a un grupo de autos que

–según ellos- les está impidiendo llegar a tiempo a su destino o que otro bus les arrebate el pasaje que les corresponde. También se nota entre aquellos pilotos muy “machos” que buscan rebasar en curva a varios camiones y a una fila de vehículos de una sola pasada, porque piensan que no va a venir nadie en el carril contrario o que aquel que venga en ese carril se desviará primero para evitarlos. Tristemente, ya sabemos con cuánta frecuencia ocurren desastres en nuestras carreteras debido a estas prácticas.

En las ciudades también existen muchas versiones de esta espantosa práctica entre las pandillas de jóvenes y muchos de los grupos que operan al margen de la ley, pero obedecen a múltiples causas como la pobreza, la falta de educación y oportunidades, y el comercio y consumo de drogas, entre otras cosas. Harían falta muchos volúmenes tan solo para explicar el fenómeno, y muchísimos esfuerzos más para combatirlo. Esto último no quiere decir que no se pueda o se deba combatir, por supuesto.

No obstante, el más absurdo – por el alcance y consecuencias a largo plazo que pudiera tener- de todos los “juegos de la gallina” es en el que los políticos, empresarios y economistas de diferentes escuelas de pensamiento participan y quieren hacernos participar: jugar a la gallina con la naturaleza. Con frecuencia estos “tripulantes de nuestro auto nacional” repiten a gritos los postulados de Hayek y von Mises, por ejemplo. Pero ¿no se darán cuenta que desde la época en que se escribieron esos libros muchas cosas han cambiado en el universo? Solo por mencionar algunas de ellas podemos incluir el número de personas que existe en la actualidad, el número de países independientes, la cantidad de energía que necesita ser consumida y liberada, etc. Por tanto, todos los políticos, empresarios y economistas debieran poner al día sus conocimientos respecto a como opera la naturaleza, de lo contrario vamos a colisionar. Nadie, ni el más avezado político, ni el más exitoso empresario, ni el más experimentado economista puede ganarle en este juego la naturaleza. Esta sabia madre ha podido sobrevivirle durante millones de años a meteoritos, terremotos, explosiones volcánicas, tsunamis y huracanes y cambios climáticos extremos y siempre ha ganado. La vida, aunque reducida en su número de especies o totalmente cambiada (como ocurrió cuando un meteorito acabó con los dinosaurios) ha seguido y seguirá adelante, hasta el último fin del planeta, muchos, pero muchos millones de años en el futuro. Por esto es que, por nuestra propia salud, debemos evitar jugar a la gallina con la naturaleza de hoy y de ahora. Esto se hará evitando al máximo aquellas prácticas que, de continuarse, acabarán con nosotros y las generaciones humanas próximas. No tiene sentido seguir envenenando los cuerpos de agua, ensuciando el aire y acabando con las selvas. La Naturaleza no se va a desviar del camino y quienes van a acabar destrozados a la orilla de la carretera seremos nosotros.

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