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¿Qué creen los empresarios, “libertarios” y los políticos sobre la naturaleza?
Por Juan Fernando Hernández E. - Guatemala, 22 de febrero de 2007

Quizás porque son más o tienen más poder a nivel de la prensa escrita, hablada o televisada escuchamos con mucha frecuencia el sonsonete de los empresarios libertarios (y neoliberales, etc.) sobre el “omnipotente hombre” que tiene bajo su dominio todo lo natural, social, judicial, etc. Únicamente la libertad de empresa, la seguridad (según ellos) y el estado de derecho importan. Para ellos, solamente los verdaderos empresarios y los antropólogos, sociólogos o economistas de ideología conservadora o totalmente “libertaria” son los únicos que pueden opinar sobre dónde, cómo y cuándo puede el hombre (si, el hombre, porque rara vez mencionan a la mujer o a otras personas diferentes dentro de la comunidad humana) utilizar para su beneficio los recursos naturales. Para ellos no debe considerarse nada más que la potencial riqueza que se puede obtener de un recurso, como un metal extraído de una mina, una represa grande que inunde muchas hectáreas o la construcción de carreteras, edificios o residencias que impacte directamente sobre los recursos naturales.

Estos columnistas o conductores de programas radiales o televisados se expresan de manera burlona cuando personas de una ideología o creencia diferente a la suya emiten opiniones sobre cómo se deben emplear los recursos de una sociedad, incluyendo los recursos humanos, naturales o económicos. Pero, ¿acaso establecieron ellos las leyes naturales? ¿Son ellos los únicos conocedores de cómo operan los sistemas ambientales? ¿Quién les otorgó a ellos la potestad para decidir cuándo, cómo, dónde y hasta que nivel pueden utilizarse los recursos?

Debieran reconocer que, para Guatemala, es aún muy escaso el conocimiento que se tiene sobre nuestra naturaleza. Fue apenas ayer (hace unas pocas decenas de años en comparación con los 200 o 150 años que tienen de operar los científicos dedicados a las ciencias naturales en las universidades y museos de Inglaterra o Francia, por ejemplo) que se empezó a estudiar de manera sistemática y con instrumentos de la ciencia moderna la naturaleza de Guatemala. Son aún muy pocas las instituciones en las que trabajamos científicos que concentramos nuestros esfuerzos en el estudio de la ecología, flora y fauna de el país. Es aún demasiado escaso el presupuesto asignado a la investigación científica de la naturaleza. Además, varios de los múltiples biomas que existen en Guatemala apenas han sido tocados, no digamos estudiados a profundidad, para conocer cómo operan y cuáles pudieran ser las consecuencias de hacer cambios en su entorno. Estoy seguro de que si un biólogo o ingeniero agrónomo especializado en el estudio y manejo de recursos naturales pretendiera manejar exclusivamente las industrias y finanzas del país o establecer su ideología como la única y todopoderosa (así como ellos consideran la omnipotencia de las leyes del mercado) se escandalizarían, porque dirían que nosotros sabemos poco o nada de esa ciencia. Entonces, ¿quién les ha autorizado a ellos a entrometerse con impunidad sobre nuestros recursos? Por ejemplo, ¿por qué rara vez aceptan un dictamen contrario al que esperaban luego de una evaluación de impacto ambiental?

Seguramente dirían que aquel que opine contrariamente a la destrucción acelerada de los recursos para el futuro inmediato y mediato es izquierdista, ecohistérico o enemigo del progreso. Lo peor es que por lo que están indicando los candidatos presidenciales, a ellos no les importa un comino lo que ocurra con nuestros recursos. Por ejemplo, ¿quién de ellos ha manifestado cuál va a ser su posición respecto a la minería a cielo abierto, a la construcción de fábricas en lugares decididamente inapropiados o a la continua destrucción de los bosques en torno a las ciudades o a la construcción de presas enormes? Ya solo con eso podemos pensar que los políticos talvez estarían dispuestos a oír a los columnistas “libertarios”, a los economistas neoliberales, y a los empresarios que han expresado su Plan Visión de País; pero, ¿estarán dispuestos a escuchar a las personas que tenemos años de investigar nuestros recursos y nuestra naturaleza? ¿Cómo reaccionarían si nosotros emitiéramos opiniones contrarias? ¿Serían como los columnistas y comentaristas radiofónicos que condenan y ridiculizan las posiciones contrarias a las de ellos? Valdría la pena preguntárselos ya.

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