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Se puede siempre pasar por encima de la naturaleza?
Por Juan Fernando Hernández E. - Guatemala, 26 de febrero de 2007

En las ciencias ecológicas existen varias disciplinas que contribuyen al estudio de la naturaleza y el ser humano y a explicar las complejas relaciones que existen entre individuo, sociedad y medio ambiente. Entre ellas están la ecología política y la ecología social. Estas ramas de la ecología han demostrado que para que una civilización perdure, debe adaptar sus creencias, principios, políticas y acciones a los límites que le impone su medio ambiente. No es posible salir adelante, por mucho que así se crea, si se pasa por encima de los límites naturales.

No obstante, hay personas que, como hemos señalado anteriormente, pretenden que el mundo es plano, que hay que tapar el sol con un dedo y que su “ciencia” es tan omnipotente que cualquier cosa que digamos los científicos que tememos el colapso de nuestra civilización son exageraciones de índole política o ideológica.

Por ejemplo, hay quien dice que hay que privatizar todas las carreteras porque de esa manera estarán mejor mantenidas, se podrán trasladar los bienes de un lugar a otro de manera más eficiente o que cualquiera que incurra en cobrar demasiado por pasar por su carretera eventualmente fracasaría, porque otros, que cobraran más barato por transitar por su carretera serían los favorecidos. ¡Vaya ceguera! ¿Acaso se pueden construir decenas de carreteras por todas partes? ¿Es posible tener un número ilimitado de carreteras entre un punto y otro para que, si el dueño de la carretera A cobra más barato que el dueño de la carretera B, todo el tráfico se trasladará a su propia construcción? Habría que preguntarles a estas personas si alguna vez han viajado entre Sololá y Panajachel, por ejemplo. ¿Creen ellos que es factible construir otra carretera de aproximadamente 8 km de largo (para que el tiempo que uno emplea en trasladarse fuera el mismo) entre estos dos lugares? Pareciera que nunca han viajado por allí. Y, en cuanto a lo que les afectaría a ellos mismos ¿permitiría cualquier finquero que muchísimas hectáreas de su territorio dedicado a la agroindustria que le proporciona tantos beneficios fueran atravesadas por docenas de carreteras? ¿Sería posible que el agua necesaria para los cultivos de caña o café pudiera llegar de un lugar a otro si hubiera muchas carreteras atravesando los ríos? Ciertamente que no.

Por supuesto que la construcción bien planificada de algunas vías privadas entre algunos lugares es factible. Sería absurdo pensar que muchos servicios de transporte no pueden ser prestados por la iniciativa privada. Pero pensar que TODOS los servicios de transporte, por ejemplo, pueden ser prestados por la todopoderosa iniciativa privada llega a los límites de lo absurdo. ¿Se han puesto a pensar estos “académicos” cuanto costaría (si físicamente fuera posible) construir un suficiente número de carreteras entre Los Encuentros y Chichicastenango para permitir que los viajeros tuvieran la posibilidad de elegir?

Además, si los turistas que visitan nuestro país contribuyendo con tantos recursos para nuestra economía contemplaran el paisaje de Guatemala atravesado por cientos de carreteras entre los lugares más hermosos de nuestra tierra, ¿vendrían acaso? Por eso, antes de dejarse llevar por su fanatismo por la empresa privada, quienes escriben públicamente sobre estos problemas del país deberían detenerse a reflexionar un poco.

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