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¡Vaya! Ahora ya ni la educación debe ser potestad del Estado…
Por Juan Fernando Hernández E. - Guatemala, 25 de marzo de 2007
prosopis_2006@yahoo.com.mx

Al discutir en su columna de opinión los recientes problemas del Ministerio de Educación con los maestros, Karen Cancinos escribió: “ Para comenzar, tal Ministerio no debería existir siquiera. No siempre se han educado los niños en escuelas estatales, y no se organizaron gobiernos con el propósito de proveer instrucción elemental, básica y hasta universitaria. No afirmo, entiéndase bien, que la educación es una mala cosa. Pero no encuentro ninguna razón para aferrarse con empecinamiento a la idea de que es una función del Estado .”*

Podemos estar de acuerdo o no con algunas de las opiniones de los “brillantes” libertarios o neoliberales (como a veces les gusta que les llamen). No obstante, a veces se pasan de la raya y expresan opiniones tan absurdas que requieren de una respuesta inmediata por científicos, académicos y pedagogos expertos. Algunas dependencias del estado quizás podrían reducirse o eliminarse por completo (como el ejército), pero entre las que nunca podrían desaparecer en un país que quiera sobrevivir como Estado estaría un Ministerio de Educación. Tal como expresé anteriormente, la proliferación desmedida de colegios e institutos privados ha situado a Guatemala ante un problema grave. Temo que la mayoría de estas instituciones no cumplen a cabalidad su función educadora y se han transformado sencillamente en empresas de fabricación de bachilleres (en muchas disciplinas “modernas”, algunas de las cuales debieran ser cuestionadas), maestros o secretarias incompetentes que están ingresando a la fuerza de trabajo con una preparación deficiente. Los dueños de estos colegios e institutos de segunda y tercera categoría ni siquiera cumplen con los mínimos requisitos de seguridad e higiene. Esto, por supuesto, no siempre es así. Cabe reconocer que muchos de los colegios privados de prestigio eran o son instituciones (lucrativas o no lucrativas) muy respetables. A veces durante decenas de años han educado a jóvenes con una formación excelente que han enriquecido la intelectualidad del país. Así también fue con los institutos públicos durante algún tiempo, antes de que el deterioro en la trama social del país diera como resultado una deficiente inversión en estas instituciones.

Pero, como discutí anteriormente, la cantidad y calidad de la educación pública y privada debe ser estrictamente vigilada. Insisto en que el contenido de lo que se enseña en materia de ciencias sociales y ciencias naturales debe ser controlado. No puede tolerarse que un colegio o instituto, por el hecho de pertenecer a un grupo social en particular, le niegue a los alumnos la realidad de la reproducción, so pretexto de que atenta contra su “pureza” (porque les brinda Educación Sexual), que les “contamina el cerebro con ideas obsoletas” (porque les da alguna explicación de las principales corrientes filosóficas, incluyendo el marxismo), o atenta contra su religión porque “niega la Creación ” (porque explica los principios fundamentales de la Evolución ). Además de esto, los colegios e institutos debieran preocuparse porque las otras ciencias como las matemáticas y la geografía también se enseñen correctamente. El Ministerio entonces debiera servir, entre otras cosas, para mantener al día la formación e información de los maestros y maestras, tanto del gobierno como de la iniciativa privada.

Es totalmente absurdo pensar que un país carezca de educación pública. Estados Unidos, Alemania, Francia y España tienen educación pública y la han tenido por siglos. En ninguno de estos países se pretende siquiera sugerir que la educación pública deba desaparecer. Por otro lado, es cierto que los gobiernos no se organizaron solamente para la educación de la niñez y la juventud, pero desde que existen los Estados de alguna u otra forma los gobernantes se han preocupado por que los jóvenes se eduquen para la vida y conozcan de su entorno y su nación.

Por tanto, debe haber una entidad estatal que vigile de cerca la calidad y el contenido de la educación, pública y privada.

La dirección de este Ministerio debe estar en manos de pedagogos y científicos, no de empresarios o comerciantes. No porque los empresarios o comerciantes no puedan educar, sino porque no siempre conocen o concuerdan con principios fundamentales como los que señalé anteriormente. La información científica y pedagógica se enriquece y cambia constantemente. Los biólogos por ejemplo, cada día conocemos más sobre las distintas especies de animales y plantas, sobre la clasificación de los organismos, la biogeografía (estudio de dónde y cómo se ubican las especies en el mundo) y la genética. Conocimientos que hasta hace unos diez años eran considerados casi sagrados (como la relación que existe entre el ser humano y otros primates y la antigüedad del mismo ser humano) ahora han cambiado considerablemente. Esto seguirá así. Los mismos científicos guatemaltecos, aunque pocos en número y con escasos fondos, hemos descubierto muchas cosas interesantes sobre nuestra naturaleza y ciencia. Bastó asistir a la Semana Nacional de la Ciencia y la Tecnología organizada por el Consejo Nacional para la Ciencia y la Tecnología (CONCYT) que recientemente se celebrara en nuestro país. Fue muy positiva la impresión que tuvimos los investigadores al ver que numerosos adolescentes y sus maestros acudían a las charlas, páneles y exhibiciones. ¿Podría haber existido todo esto impulsado exclusivamente por la empresa privada? Probablemente no. Ciertamente que la empresa privada nacional y transnacional también tienen un papel que jugar dentro de la educación, pero este no será nunca exclusivo. Insistamos entonces en que la existencia de un Ministerio de Educación es imprescindible para un país que pretenda sobrevivir como tal. La modernización de la institución y la capacitación de sus empleados son urgentes y, aunque actualmente el Estado invierte un porcentaje considerable de su presupuesto en educación, esta inversión no es suficiente. Una reducción en el presupuesto del Ministerio de Defensa, por ejemplo contribuiría enormemente a la protección del país, porque formaría a niños y jóvenes más conocedores y amantes de su patria.

*Karen Cancinos Siglo XXI 23 de marzo 2006

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