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La propiedad en Guatemala: ¿fruto de la libertad?
Por Juan Fernando Hernández E. - Guatemala, 28 de marzo de 2007
prosopis_2006@yahoo.com.mx

Cuando se discute sobre ideas profundas como la libertad humana, se dice que una de las bases fundamentales de esa libertad es la propiedad. La propiedad –se afirma- es fruto de varios elementos como 1) la naturaleza, 2) el trabajo personal, 3) el intercambio voluntario y 4) el mutuo consentimiento entre quienes adquirieron esa propiedad y quienes la vendieron o cedieron. Conviene analizar entonces si la propiedad en nuestro país cumple estos requisitos, particularmente cuando queremos alcanzar la verdadera libertad, la justicia y el progreso.

¿Fue la propiedad fruto espontáneo de nuestros recursos naturales convertidos en algo de valor? Ciertamente que no. Los habitantes locales ya habían modificado la naturaleza guatemalteca hasta cierto punto y los conquistadores arrebataron violentamente esas propiedades de los habitantes locales. La naturaleza y sus recursos ya habían sido violados y explotados y han seguido siendo violados y explotados irracionalmente desde entonces. Durante mucho tiempo esta explotación ni siquiera se efectuó de una manera científicamente adecuada: era más bien empírica. Conviene recordar que hasta hace muy poco (50 años) ni siquiera existía una Facultad de Agronomía que estudiara nuestro suelo, clima, vegetación, etc. para emitir estudios científicos sobre la misma. De igual manera, el estudio de la naturaleza silvestre por científicos guatemaltecos apenas pasa de los aproximadamente 30 años que tienen de existir el Departamento de Biología de la Universidad del Valle y la Escuela de Biología de la Universidad de San Carlos. Antes de eso la mayoría estudios científicos de nuestro país fue efectuada por profesionales extranjeros. Los guatemaltecos pues, hasta hace muy poco empezamos a saber cómo estudiar y manejar apropiadamente nuestra naturaleza.

¿Fue la propiedad privada, sobre todo de la tierra, exclusivamente fruto del trabajo personal? Por supuesto que no. Está claro que los dueños o administradores participaron, a veces más, a veces menos, en el desarrollo de las grandes fincas, pero la mayor parte del trabajo de campo lo realizaron (y realizan) campesinos asalariados que vivían (y viven) en condiciones de extrema pobreza. Solamente cuando estos campesinos tengan un salario justo, un acceso adecuado a la educación, a los bienes más elementales y a una seguridad social completa se podrá decir que su trabajo está siendo remunerado y reconocido apropiadamente.

¿Existió intercambio voluntario en la adquisición de la tierra? Posiblemente en algunas ocasiones hubo intercambio voluntario. No obstante, en la mayoría de ocasiones las grandes fincas fueron expropiadas de la Iglesia o de los conservadores cuando los liberales alcanzaron el poder o viceversa. Mucho menos intercambio voluntario hubo en el Siglo XX cuando las personas que poseían el poder (como los militares) se apropiaron de enormes extensiones de tierras (¿ociosas?) en Petén, por ejemplo. En la actualidad, parte de algunas tierras nacionales (como Biotopos, Parques Nacionales, etc.) han sido invadidas o tomadas por la fuerza, incluso por narcotraficantes. ¿Ha sido esto intercambio voluntario?

¿Podemos hablar de mutuo consentimiento? Es probable que en algunos casos si. Pero, ¿en qué proporción del intercambio de tierras existió ese mutuo consentimiento? ¿Acaso no fue coerción, chantaje o vil robo en un gran porcentaje? Valdría la pena estudiarlo científicamente para determinar cuántas veces ocurrió el consentimiento mutuo en el intercambio de tierras.

Ojo pues, al decir que la propiedad en nuestro país es fruto de la libertad. Valdrá la pena analizar con cautela cuantas veces ha sido así.

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