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Estado Fallido: si aún no somos, rápidamente nos aproximamos
Por Juan Fernando Hernández E. - Guatemala, 9 de abril de 2007
prosopis_2006@yahoo.com.mx

El “Fund for Peace”[1] una organización estadounidense que se dedica a promover la seguridad sostenible ha propuesto indicadores para determinar cuán cerca se encuentra un Estado a la condición de “Estado Fallido”, término que se aplica a un estado débil en el cual el gobierno central tiene poco control práctico sobre su territorio. El término también se utiliza para designar un estado que se ha hecho ineficaz (es decir, tiene control nominal militar y policial sobre su territorio, solamente en el sentido de no tener grupos armados desafiando directamente la autoridad del estado y no puede hacer cumplir sus leyes uniformemente debido a las altas tasas de criminalidad, corrupción extrema, un extenso mercado informal, burocracia impenetrable, ineficacia judicial, interferencia militar en la política, y situaciones culturales en las cuales los líderes tradicionales gastan más energía que el estado sobre ciertas áreas aunque no compitan con el estado. Resumiendo la definición de “Fund for Peace”, los elementos indicadores de un Estado Fallido son doce:

Los doce indicadores:

1. Aumento en la presión demográfica
2. Masivo movimiento de refugiados
3. Legado de venganza y retribución violenta
4. Masiva emigración
5. Desarrollo económico no equitativo6. Disminución severa de índices económicos
7. Criminalización o deslegitimación del Estado
8. Deterioro progresivo de los servicios públicos
9. Amplia violación de los derechos humanos
10. Aparato de seguridad como un "Estado dentro de un Estado” 11. Surgimiento de nuevas elites
12. Intervención de otros estados o actores externos en la vida nacional

Utilizando para el diagnóstico estos indicadores, es posible situar a Guatemala como un estado en condición delicada; aún no se puede colocar a la república en la “zona roja” donde están países decididamente caóticos como Afganistán, Haití y Somalía pero si se encuentra en una condición comparable con Guinea Ecuatorial, Irán y Bolivia. De hecho, de las repúblicas americanas, únicamente Haití, República Dominicana y Bolivia están “peor” que Guatemala. No obstante, considero que esta evaluación de “Fund for Peace” lamentablemente es demasiado optimista. Analizando individualmente las condiciones lo veo así:

1. ¿Sufre el país de una alta presión demográfica? Definitivamente. La tasa de incremento poblacional es superior al 2.6%.[2] Esto nos coloca por encima de la mayoría de países de América Latina y casi al mismo nivel que algunos países africanos. Las consecuencias de un aumento exagerado en la población son múltiples y algunas aún están por verse.

2. ¿Ha existido un movimiento masivo de refugiados? Sin duda. Todos los índices de la Organización Internacional para las Migraciones2 así como la gran cantidad de personas que se trasladó durante los años del conflicto armado a Estados Unidos, México o incluso Bolivia lo indican.

3. ¿Existe una alta tasa de criminalidad relacionada con un legado de venganza y retribución violenta? Por supuesto. Esto resulta obvio al darle incluso una mirada somera a los diarios o ver un momento las noticias por televisión.

4. Los emigrantes con su movimiento humano crónico y sostenido es quizás uno de los fenómenos humanos y sociales más evidentes de nuestro país. Prácticamente todos los guatemaltecos tenemos uno o muchos parientes en Estados Unidos.

5. ¿Existe un desarrollo económico no equitativo? En los quince minutos que toma uno en transitar en un día domingo entre la línea del ferrocarril al final de la zona 1, recorriendo el bulevar hasta la zona 16 cerca de la Universidad Landívar este desarrollo no equitativo se hace TAN evidente que resulta chocante.

6. ¿Cómo se comportan nuestros índices económicos? Depende. Si consideramos los “índices de libertad económica” tan alabados por los libertarios, entonces no estamos tan mal: estamos a medio camino entre los países con más libertad económica y aquellos con menos. Pero si la libertad económica es la libertad con que la mayoría de la población puede vender, comprar o intercambiar bienes, entonces definitivamente estamos muy mal.

7. ¿Vivimos en condiciones de corrupción extrema conducentes a la criminalización o deslegitimización del estado? Evidentemente. Cualquiera se da cuenta de cuán corruptas son las dependencias del Estado como la Policía Nacional Civil o los tribunales.

8. En cuanto a lo del “deterioro de los servicios públicos” basta dar un paseo por el Barrio San Antonio para comprobarlo.

9. ¿Quién no ha comentado sobre la violación de los derechos humanos en Guatemala? Es un hecho evidente y cada vez más grave.

10. El aparato de seguridad heredado de las dictaduras y lo que se ha destapado recientemente es más que obvio.

11. La narco-oligarquía es parte de esas elites recién-surgidas. De igual manera quienes hicieron o hacen del estado como políticos y funcionarios sus fuentes de riqueza también lo son.

12. En cuanto a la intervención externa, basta leer nuestra historia a partir de 1954 para obtener una respuesta afirmativa.

Por tanto, este breve diagnóstico practicado a nuestra república arroja resultados sumamente preocupantes. Por eso es que si aún no somos un “Estado Fallido” si vamos en carrera hacia esa condición.

No todos los miembros de las organizaciones no gubernamentales ni los miembros de la comunidad internacional que critican la condición del país y lo califican de “Estado Fallido” es gente que “vive de la industria de la pobreza” y “no les conviene que los pobres salgan de la pobreza porque ese día ¡se les acabó el negocio!” como afirma Estuardo Zapeta.[3]. En este mismo artículo Zapeta también afirma que quienes califican a Guatemala de un Estado Fallido no desean el progreso del país porque no quieren que venga la inversión extranjera. Pero, ¿qué clase de progreso? y ¿qué clase de inversión extranjera nos conviene que venga? Esto sí que hay que analizarlo con microscopio. Porque si la inversión extranjera que tanto debiéramos desear son compañías mineras que van a destrozar nuestras montañas, a contaminar nuestros ríos y a exacerbar las tensiones sociales en la comunidades donde operan enriqueciendo a algunos pobladores y empobreciendo a otros, entonces, definitivamente, no queremos esa inversión extranjera. De igual manera si los inversionistas van a explotar el trabajo de las obreras que elaboran prendas de vestir pagándoles salarios bajísimos y haciendo que laboren en fábricas sin los requisitos mínimos de seguridad e higiene, y aparte contaminar el aire con sus emanaciones, no queremos esa inversión extranjera.

Por el contrario, si los inversionistas extranjeros van a tener para los trabajadores guatemaltecos el mismo respeto y las mismas consideraciones que tienen para los trabajadores en sus países, con las mismas horas de trabajo y número de días de asueto, con las mismas prestaciones, con el mismo acceso a los servicios médicos y sociales, etc. Entonces si podríamos considerar deseable la inversión extranjera. Por que si no es así, estas personas que abogan por la “maravillosa” inversión extranjera están afirmando -aunque sea indirectamente- que los guatemaltecos somos seres humanos de segunda o tercera categoría que no merecemos las consideraciones y prestaciones de los canadienses, coreanos o finlandeses, por ejemplo.

Entonces, para ir saliendo de nuestra condición de “Estado cuasi Fallido” tenemos que empezar a trabajar duramente para superar nuestra calificación en los indicadores que señalé anteriormente. Ser optimista, ser positivo y creer en nuestro país va significar que estamos dispuestos a mejorar en esos índices así como el manejo de nuestros recursos naturales. Sé que existen maneras para hacerlo.

[1]http://www.fundforpeace.org/programs/fsi/fsindex2006.php

[2]http://www.oim.org.gt/Guatemala.htm

[3] Estuardo Zapeta. Siglo XXI, 27 de marzo 2007

 

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