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Ciencia y Política: imposibles de separar
Por Juan Fernando Hernández E. - Guatemala, 27 de abril de 2007
prosopis_2006@yahoo.com.mx

Recientemente la columnista Carroll Ríos de Rodríguez dijo que no convenía mezclar la ciencia con la política [1]. También expresó su opinión, refiriéndose al cambio climático, de que “los actores internacionales presionan para hacer de éste un tema prioritario en la agenda ambiental también en los países en vías de desarrollo, los cuales enfrentamos otros problemas más visibles y apremientas, como el hecho de que nuestros niños aún se mueren debido a enfermedades intestinales”. Bien se nota que la columnista parece ignorar que la misma existencia de las enfermedades intestinales está inextricablemente ligada al manejo adecuado de los recursos naturales, incluyendo el agua. Los organismos causantes de estas enfermedades se reproducen sobre todo en ríos, lagunas, pozos, etc. que están contaminados con basura, desperdicios o heces. La reproducción de la mayoría de organismos patógenos causantes de enfermedades intestinales tiene relación con la temperatura del agua. Si aumenta la temperatura, se reproducen con mayor facilidad. Además, si tan solo disminuyera la cantidad de contaminantes que son arrojados a las fuentes de agua por la agroindustria, por ejemplo, la incidencia de las enfermedades intestinales disminuiría. Si no es el Estado, a través del Ministerio de Salud Pública, del Ministerio de Ambiente y del CONAP, ¿quién entonces va a vigilar que esto se cumpla? ¿Sólo las entidades privadas? No lo creo.

Por otro lado, el aumento de temperatura en las fuentes de agua también favorece la reproducción de otros organismos patógenos, no solamente los que causan enfermedades intestinales. Por ejemplo, el dengue y la malaria son comparativamente raros a la altura de Ciudad de Guatemala porque la temperatura normal del agua no es adecuada para la reproducción de los mosquitos vectores de estos patógenos. Si la temperatura del agua sube siquiera unos pocos grados durante una parte del año, los mosquitos podrán reproducirse con mayor facilidad y transmitir esas enfermedades en regiones donde actualmente son raras. Si los gobiernos no actúan para divulgar estos hechos, las comunidades no estarán conscientes de la importancia de conservar los recursos e intentar evitar o retardar, con acciones como la reforestación, el aumento de la temperatura ambiente. ¿Va la iniciativa privada a trabajar a nivel nacional, en todos los pueblos, aldeas, y caseríos divulgar los hechos y vigilar porque esto se cumpla? Tampoco lo creo.

Por otro lado, es cierto que no necesariamente todos los científicos pueden estar en lo correcto. Durante siglos ha habido algunos científicos que se oponen a la opinión de la mayoría. A veces esto es aceptable, pero a veces definitivamente no. Solo como ejemplo, durante años muchos científicos europeos, incluso aquellos con una muy buena reputación, creyeron que los seres humanos no europeos eran inferiores en capacidades e inteligencia. Por supuesto, esta opinión fue luego rechazada. Pero ahora, en el Siglo XXI, cuando la mayoría de científicos coincide en los resultados de sus investigaciones, lo más probable es que estos estén muy cerca de la realidad.

En cuanto a la participación del Estado en la ciencia, es importante notar que en Guatemala buena parte de la investigación científica, tanto a nivel estatal como en las universidades privadas es financiada por el gobierno a través del CONCYT. Si el gobierno no participa en la ciencia, ¿quién lo hará? Estoy seguro de que muchas de entidades no gubernamentales podrían hacer parte de la tarea, pero definitivamente no toda. La cantidad de fondos que hay que invertir para la investigación científica en nuestro medio es enorme. El Fondo Nacional para la Ciencia y la Tecnología (FODECYT) invierte aproximadamente Q. 19,000.000 anualmente en diversos proyectos científicos; es evidente que esto no es suficiente, se requier mucho más. Difícilmente las entidades privadas estarían dispuestas a financiar todo esto.

Por eso insisto en que la ciencia y la política no pueden separarse. Pretender que la preocupación a nivel global por el cambio climático lleve a “más gobierno” o a un “socialismo global” es totalmente absurdo, pero definitivamente si se debe convencer a todos los políticos de cualquier ideología de la importancia de escuchar la voz de los científicos cuando el problema nos atañe a todos.

[1] Carroll Ríos de Rodríguez, Siglo XXI, jueves 26 de Abril de 2007.

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