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Ahora que nos freguemos nosotros, y luego ¿quién?
Por Juan Fernando Hernández - Guatemala, 22 de junio de 2007
prosopis_2006@yahoo.com.mx

Hace años, los países hoy desarrollados explotaron sus recursos naturales, contaminaron sus ríos, bahías, bosques y praderas. Como eran países grandes, o aunque fueran países pequeños sus colonias eran grandes, durante mucho tiempo esto no los afectó. No fue sino hasta hace unos cuarenta años que los científicos de estos países lanzaron la voz de alarma. Los bosques se estaban perdiendo, el agua estaba contaminada, los animales se estaban extinguiendo. Todo parecía ir a la ruina. En relativamente poco tiempo, se emprendieron enormes campañas para llamar la atención de los políticos, empresarios, economistas y, sobre todo, de las universidades e institutos de investigación, para que se evitaran los desastres. Si bien es cierto que aún falta mucho por hacer, ahora existe conciencia en estos países. La educación, esa maravillosa herramienta de las sociedades modernas, alcanza hasta los rincones más lejanos. Con algunas excepciones, las sociedades rurales de los países desarrollados rara vez dejan que sus recursos sean explotados en detrimento de su aire, su agua y su suelo.

Al verse “acorraladas” por la actitud de sus connacionales, muchas de las compañías mineras, petroleras, etc. de los países industrializados (y con abundante educación y conciencia) volcaron su interés a los países subdesarrollados o en vías de desarrollo para instalar allí sus minas, pozos, fábricas, refinerías y procesadoras de madera. Encontraron extraordinarios aliados entre los políticos, militares, economistas y empresarios de estos países que felices les abrieron los brazos a aquellos que iban a “invertir y enriquecer” nuestros países. Alabaron a quienes “crearían nuevas fuentes de empleo, atraerían capital y fomentarían la estabilidad política y económica”. ¡Qué maravilla!

Ahora sabemos que, con honradas excepciones, esto nunca ocurrió. Hubo inversión y crecimiento económico, es cierto, pero los beneficios de esto rara vez llegaron a los pueblos cercanos a las minas, pozos, fábricas y refinerías. Nunca se hizo realidad el “sueño dorado” de los liberales. No. A estos inversionistas, empresarios, etc. se les hace fácil tratar de “idiotas” o “perfectos idiotas” a quienes nos hemos opuesto a sus acciones destructivas, vendepatrias y corruptas. Nada les cuesta decir que luchar por la independencia y la autosuficiencia es “comunismo”, “populismo” o “quien-sabe-qué-ismo”. Lo único que les importa es ganar dinero, aún a costa de destruir su país.

Al analizar este problema nos encontramos con grandes interrogantes. Entre ellas cabe preguntarse por qué hubo países que sí se desarrollaron aplicando políticas liberales y por qué otros no. Una de las respuestas más claras está en el nivel de educación de su pueblo. En países donde la mayoría de las personas sabe leer y escribir y existe conciencia de nación, es comparativamente más fácil promover el desarrollo económico independientemente de la política y la ideología. Otra respuesta a nuestras interrogantes es que los países colonialistas tenían a quien explotar (sus colonias) cuando sus propios recursos empezaron a escasear. Otros, aunque no fueran colonialistas, podían invertir en países donde gobiernos corruptos les abrían la puerta, alabándolos de manera servil.

Pero a nosotros, ¿qué nos queda? Guatemala, al quedarse sin recursos y contaminarse porque nuestras leyes deben “permitir la inversión, sin preocuparnos tanto por el efecto ecológico”, etc. ya no va a tener a quién ir a explotar. Solo pensemos: el país c (grande, poderoso, con una población muy educada y conciente de sus derechos) tiene a su disposición a los países, g, n, s, etc. a los que puede explotar. Pero el país b, que a duras penas puede con lo suyo, si ha de desarrollarse, no puede ir a explotar a g, n, o s. No tiene los recursos políticos, militares o económicos para hacerlo. Talvez, si estuviera en el mismo continente, podría explotar a n, s, e o p. Pero están lejos, muy lejos. Por más que b quisiera ir hasta allá, no puede hacerlo y, además, en n, s, e o p ya no se “dejarían” explotar por b con tanta facilidad. Ya tuvieron suficiente. Además, las condicioens demográficas y políticas ya son distintas. Ahora hay muchas, muchísimas más personas que necesitan de los recursos que alguna vez pertenecieron a grupos reducidos. Por tanto, lo que funcionó para c no va a funcionar nunca para b. Nunca. Hay que buscar alternativas factibles. Y eso sólo se logra con mucha inversión en educación e investigación. Las universidades, públicas y privadas y los institutos de investigación no son un lujo. Son una necesidad vital. Urgente, de vida o muerte, de triunfo o tragedia. Instituciones como el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología deben ser apoyadas por todos, aquí y ahora. Porque recuerden: nosotros no tenemos a quien ir a explotar.

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