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Fuera de la agenda
Por Juan Fernando Hernández - Guatemala, 3 de julio de 2007
prosopis_2006@yahoo.com.mx

Varias de las personas que nos ocupamos por el medio ambiente y los recursos naturales vemos con suma preocupación que los candidatos mencionan en sus discursos de campaña temas importantes como la violencia y la falta de empleo (sin decir, por supuesto, como en realidad y con que recursos y que medidas apegadas a la ley los van a combatir) pero apenas le hacen una concesión (si es que la hacen) a las bases fundamentales de una sociedad. Insisto: a menos que alguien me corrija, yo se que no se puede vivir sin energía, aire, agua ni alimentos. Estoy seguro de que la falta o escasez de estos elementos es, en muchos casos, parcialmente responsable de los otros problemas que aquejan al país como la pobreza, la violencia y la falta de educación. Evidentemente, no es fácil de explicar a la mayoría de nuestra población esta relación tan importante, pero, al menos los que se las llevan de políticos deberían entenderlo.

Por supuesto que un presidente no es un mago. Ninguno creería (solo algunos de ellos que creen en milagros a su antojo, talvez) que es capaz de resolverlo todo, de un golpe. Por eso se conforman grupos de trabajo. Por eso existen ministerios, secretarías, etc. Pero que nadie trate en su campaña temas tan básicos como de donde va a sacar la energía, cuidar el aire y el agua y favorecer la producción de alimentos es un crimen. Con la excepción de algunos “formadores de opinión” que adoran al dios dinero y se visten con la túnica de la “libertad”, no creo que exista nadie que no entienda que la energía tiene que venir de alguna parte y que los subproductos de la energía tienen que ir a dar a alguna otra parte. Desafortunadamente, la mayor parte de la energía que se consume en nuestro país depende de los derivados de petróleo. Esto de por si, es grave y debiera ser una prioridad para cualquier presunto gobernante. La solución tampoco es tan sencilla. Para aquellos que se llenan la boca diciendo que “los ecologistas que se oponen a la construcción de represas favorecen la dependencia del país con el petróleo” quiero recordarles que las represas no se pueden construír en cualquier parte. Como dirían los abuelos “no es cuestión nomás de soplar y hacer botellas”. El impacto ambiental de un proyecto de construcción de una represa (incluso una de tamaño moderado) es grande y, en un país como el nuestro donde no abundan los estudios sobre la flora y la fauna, es aún más difícil saber qué es lo que se va a afectar. Además, conocer toda la cuenca es importante. ¿Saben cuántas hectáreas de tierra se perderían al construir una represa? ¿Saben cómo proteger las fuentes de los ríos, reforestando con especies nativas y cuidando estos bosques? Y, si las fuentes también suplen de agua a una o más poblaciones, ¿cómo van a tratar el problema? Es fácil hablar y criticar a los que estudiamos el ambiente. Hacer, es otro cantar.

Otra cosa que se debe evaluar con cuidado es el aire. Nuestras ciudades (incluso las pequeñas y medianas) viven inmersas dentro de un mar de gases tóxicos y partículas dañinas. La costa sur sufre cada año de las quemas de los cañaverales. Nadie parece preocuparse por la pureza del aire dentro de los edificios, oficinas y plazas de trabajo. Afortunadamente, se ha avanzado algo con las campañas anti tabaco. Es reconfortante saber que al menos en los edificios públicos y las aulas de las universidades y otros centros de educación, ya se puede respirar. Pero valdría la pena que alguien hiciera estudios sobre la calidad del aire en las fábricas, maquilas, empresas mineras, petroleras, etc. Entonces si sabremos como estamos. ¿Y el transporte? ¿Se regulan las emisiones de los vehículos como se debiera? Valdría la pena estudiarlo más.

¿Y del agua? ¡Vaya! Sorprende ver como pasan y pasan los meses y los lagos y los ríos que fueron afectados por la tormenta Stan siguen tan sucios como si jamás se hubiera hecho algo al respecto. Las comunidades tienen dificultad de tomar el agua porque algunos quieren entubarla y otros la necesitan como está. ¿Qué se hace en esos casos? Sin bosques, no hay agua. Así.Y nadie está diciendo cómo proteger los bosques, sobre todo porque nadie está diciendo cuánto van a invertir en la investigación científica necesaria para saber cuándo, cómo y dónde se debe estudiar.

Podríamos seguir. Lo de los alimentos, de por sí, requiere mucho estudio. Pero por de pronto, sólo les digo a los políticos: aprovechen las oportunidades que personas comprometidas les ofrecen para tratar estos problemas en foros y paneles. Ya sé que sus agendas muchas veces ni siquiera lo intentan. No asisten porque están “muy ocupados”. Desafortunadamente, no es que no lo sepan, es que no les importa, al menos a la mayoría. ¿O me equivoco? Ojalá.

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