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Por qué debemos responder
Por Juan Fernando Hernández - Guatemala,11 de agosto de 2007
prosopis_2006@yahoo.com.mx

En su columa publicada el día 7 de agosto en Siglo XXI, Estuardo Zapeta dice que “Acaso yo debo responder por otro padre de familia que decidió tener 8 ó 10 hijos? ¿Acaso yo le traslado la responsabilidad de mis hijos a tata Estado? ¿Por qué debo yo responder por la salud de los hijos de los otros, cuando apenas puedo con la mía y la de los míos? ¿Por qué debo pagar por la irresponsabilidad de otros? ¿Y por qué tiene el Estado el poder de obligarme?”. Al expresarse así el columnista muestra su profundo desprecio por la sociedad guatemalteca y su aparente ignorancia por las razones por las cuales nuestro país se encuentra en la situación actual que afecta a todos, incluyendo a los que, como él, quieren vivir en una burbuja, aislados de la realidad. Aunque para muchos resultará inútil responder a estas afirmaciones, puesto que quienes las repiten como letanía rara vez escuchan y analizan opiniones contrarias a las de ellos, considero que siempre es conveniente expresar, sobre todo para la juventud, las razones que me mueven a contradecirlas.

Para empezar, los biólogos, y en particular los ecólogos, estamos conscientes de que los seres humanos somos animales sociales y, como todos las especies obligadas a vivir en sociedad, tenemos que someternos a ciertas reglas sin las cuales la nuestra existencia misma está en juego. Las especies sociales poseemos mecanismos hereditarios que regulan la operación de la comunidad. La evolución misma de nuestra especie nos los impuso a lo largo de millones de años. Por ejemplo, en muchos casos, los miembros “solteros” de la manada deben hacerse cargo de los cachorros de las hembras adultas que se dedican a la caza. En otros mamíferos y aves, la educación –enseñar a cazar o alimentarse de algunas plantas nutritivas y evitar las tóxicas- es una obligación de los miembros adultos hacia los juveniles. En los seres humanos es igual. La existencia de la manada depende de las relaciones entre los individuos.

Los seres humanos tenemos otras obligaciones además de alimentar a las crías y a los adultos mayores que ya no trabajan. También tenemos que educar a los niños, jóvenes y adultos jóvenes, a vivir en una sociedad con limitaciones de recursos y espacio, entre otras cosas. Por ejemplo, si nosotros no implementamos programas de educación sexual y familiar desde la primaria para que las parejas controlen el número de hijos que tienen, en la práctica los estamos condenando a tener esos 8 o 10 niños que a duras penas pueden mantener con vida. Si una persona tiene ingresos suficientes para no trasladarle la responsabilidad de sus hijos al Estado, pues que bien, pero la gran mayoría de los guatemaltecos no los tiene. ¿Acaso creen los “defensores de la libertad” que una persona puede garantizarle a sus hijos un mejor futuro sin darles alguna educación formal? Y la educación que da el Estado, aunque no sea la mejor, es la única a la que tienen acceso.

¿No pueden los ideólogos del mercado entender que en Guatemala, las mensualidades de un colegio medianamente bueno exceden los 500 quetzales? Obviamente, con el salario mínimo actual, una pareja, aún con un solo niño, no podría tenerlo en un colegio de esos, muchísimo menos en uno verdaderamente bueno. ¿Y aún así no quieren que exista un salario mínimo? ¿Cómo podría un trabajador, sin tener ese salario mínimo, tener la opción de tener a sus hijos en un colegio que les garantice una buena educación para que ellos no tengan que verse obligados a trabajar como peones?

Debemos responder por la salud de todos porque no somos islas ni organismos aislados. Somos animales sociales. El hecho de que otros estén sanos garantiza mi propia salud. Al igual que con la educación, los costos de la atención médica privada son elevadísimos. Si no existe la atención médica pública, quién va a garantizar la salud de la mayoría.

Por otra parte, aunque a algunos les duela admitirlo, nadie se hace rico en soledad y “por su propio esfuerzo”. Para que la fuente de la riqueza no sea un robo o el fruto de mantener a la población en condiciones de servidumbre, debe haber reglas y normas impuestas por el Estado. Para que yo no deba pagar por la irresponsabilidad de otros, debo educarlos porque si no, los estoy condenando a vivir en la miseria y mi riqueza será el injusto producto de la pobreza de otros.

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