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Cuando la ignorancia (o mala voluntad) se torna peligrosa…
Por Juan Fernando Hernández - Guatemala, 10 de octubre de 2007
prosopis_2006@yahoo.com.mx

Recientemente escuché un fragmento de un “analista” y “experto” economista “liberal”. Su mensaje era claro: decía que los problemas ambientales graves como el cambio climático “aún eran discutibles” y que un país pequeño, como Guatemala, tiene que preocuparse de otras cosas más importantes como la seguridad (para ellos) y la justicia (bajo sus términos) y no de conservar y manejar adecuadamente sus recursos naturales como su flora y su fauna. Supongo que tampoco aceptará la necesidad de establecer áreas protegidas nacionales y lo imperativo que resulta tener corredores (áreas relativamente intactas a través de las cuales organismos como animales y las plantas de los que se alimentan) entre un área protegida y otra.

¿Qué piensan estas personas? ¿Acaso creen que el aire se compra en Europa y que el agua se adquiere en Miami? ¿No entienden que la energía limpia tiene que venir de alguna parte y disiparse en otra? Por un lado proclaman la urgente necesidad de eliminar el salario mínimo porque así más gente puede tener empleo, pero no se preguntan hasta dónde aguanta el sistema una masa de personas –quizás con empleo- pero meros peones, sin acceso a la educación, la salud, y el descanso verdadero. No entienden que estas mismas personas, condenadas por siempre a la ignorancia y a la pobreza, continuarían contaminando el ambiente, cortando los árboles para leña y cazando las especies silvestres. ¿Vendrían los turistas a una Antigua con rascacielos por un lado y covachas por otro y a un Atitlán verde y pestilente?

¿Es necesario recordarles una y otra vez que ellos mismos necesitan de aire, agua y alimentos sanos, sin restos de agroquímicos nocivos? Pareciera que sí, porque la Guatemala que imaginan no tiene más que fincas de unos pocos cultivos de agroexportación, carreteras privadas por las que siempre habría que pagar peajes, pueblos (de peones) y ciudades (profundamente divididas entre las zonas residenciales –protegidas con alambre electrificado y muchos guardias armados y áreas con chozas de cartón y láminas de zinc) y las pocas áreas “protegidas” serían fincas privadas, su acceso limitado a los dueños y a quienes pudieran pagar un elevadísimo precio por la entrada. ¿Será necesario insistirles en que no puede haber seguridad verdadera y justicia auténtica si estas no alcanzan a toda la población?

Insisto: ¿Saben que los bosques son necesarios para producir oxígeno? ¿Tienen idea de dónde viene el agua limpia? ¿Aceptarían la idea de que las fábricas desecharan gases tóxicos cerca de sus casas? ¿Estarían de acuerdo si el propietario de la finca que está arriba de la de ellos desvía el río, lo contamina y luego lo devuelve a su terreno?

Sinceramente, no creo. Pero su afán por defender la “libertad” es tal que poco falta para que digan que esta también se vende y se compra con dólares depositados en sus cuentas porque “todo” es una mercadería. Ojalá que el próximo gobierno tenga al menos unas mentes pensantes que comprendan el imparativo de unir los conceptos y se preocupen por integrar el manejo adecuado de los recursos naturales, la economía ambientalmente amigable y el desarrollo económico con la auténtica seguridad y justicia para toda la población.

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