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El mensaje de un premio y a ver si lo escuchan aquí
Por Juan Fernando Hernández - Guatemala, 25 de octubre de 2007
prosopis_2006@yahoo.com.mx

Los ganadores de los Premios Nobel generalmente no son santos. Son seres humanos como ustedes y yo. No podemos esperar que todo lo que algún premiado haya hecho o haga una vez se la haya otorgado el galardón sea bueno. Imposible. Sin embargo, hay oportunidades en que la noble insignia sueca suena una campana muy audible. Sirve para que el mundo se entere de que además de guerras, hambrunas, destierros y violencia, a veces los humanos podemos dar pasos en la dirección correcta. Creo que así es como debemos considerar que en esta oportunidad se le haya otorgado el Premio Nobel de la Paz al ex-vicepresidente estadounidense Al Gore.

Alguien mundialmente conocido, una persona cuyo mensaje no pueda ser considerado irrelevante, por fin ha dado la alarma sobre el cambio climático global. Ya era hora. Por varios años la mayoría de los medios de comunicación masiva parecieron ignorar o no le dieron la importancia suficiente a esta amenaza cada vez más grande. Por supuesto, aún existen algunos científicos y un buen número de empresarios, políticos e intelectuales de la libre empresa que dudan de este fenómeno. Pero siempre será asi, basta recordar que aún existen quienes creen que la Tierra es plana o que el fin del mundo está cerca porque sus profetas así lo dicen.

La naturaleza le está dando la razón a Gore a manos llenas en Estados Unidos. Ya son miles y miles de hectáreas del sur de California que han sido pasto de las llamas. Centenares de personas de toda clase social han tenido que abandonar sus hogares y la cantidad de bomberos y asistentes no ha sido ni remotamente suficiente. ¿Será que esto les resulta invisible a nuestros libertarios inversionistas? ¿Será que piensan que sus casas tienen algún conjuro que las hace inmunes al fuego a diferencia de los actores de Hollywood? No creo. Por eso considero que su posición todavía se basa en que no les importa lo que ocurra en Guatemala porque sus inversiones están en países más desarrollados. Pero, ¿acaso no se dan cuenta que allá también el fuego puede consumir sus bancos, empresas y hogares? Recuerden cómo ardió Grecia este verano pasado. Es obvio que el dinero y el poder son vicios para los patricios y quienes esperan ser los “futuros senadores”. Esta gente está tan ciega que piensa que Guatemala les brindará más y más riquezas sin devolverles ellos nada a cambio.

¿Es su visión tan corta que las abundantes lluvias de esta época les hacen creer que no vienen marzo y abril? El clima será seco y cálido y para entonces los incendios empezarán a consumir más y más hectáreas de nuestro paisaje. Hasta ahora no se han incendiado los barrios donde viven los más ricos, pero, si llegaron a quemarse las colonias más exclusivas del sur de California, ¿no podrán arder las casas de la élite de Guatemala? Abran los ojos, señores inversionistas. A Gore no le dieron el Premio Nobel por fastidiar, su mensaje es real. Escúchenlo, aunque sea por ustedes mismos y sus familias y sus hogares. Ellos también pueden arder.

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