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Polémica y violencia
Por Juan Fernando Hernández - Guatemala, 15 de noviembre de 2007
prosopis_2006@yahoo.com.mx

Siempre se ha dicho que el nuestro es un país de contrastes. Todos estámos conscientes de que Guatemala es un lugar donde todos opinan diferente; es más, algunos repiten aquella frase de “estamos en contra de los que están en contra y en contra de los que están a favor”. Para muchos extranjeros es sumamente difícil entender lo que ocurre en Guatemala. Es necesario vivir aquí muchos años para explicarse (a veces sin comprender del todo) por qué un representante de la represión durante el conflicto armado interno puede tener tanto arrastre en las urnas. Se necesita mucha investigación en las áreas antropológica, social, psicológica y política para tan solo ir comprendiendo someramente lo que ocurre y lo que puede ocurrir en el futuro. También se hace imprescindible que lo que se descubra con estas investigaciones sea dado a conocer. No podemos seguir ocultando la realidad ante nuestros propios ojos, mucho menos ante las generaciones futuras. Por ello es que, desde los estudios primarios y, con mayor razón, durante la secundaria y los estudios universitarios, los estudiantes deben ser introducidos a nuestro pasado, presente y futuro, aunque nos duela. Y los estudiantes y maestros tienen que ser también investigados.

Muchos desacuerdos deben irse investigando y luego compartiendo a través del diálogo para limar asperezas. No podemos seguir siendo un país de linchamientos, incendios forestales y secuestros. Tenemos ante nosotros un nuevo período de gobierno. Ojalá que al concluir los próximos cuatro años hayamos dado algunos pasos en la dirección correcta. A continuación presento dos de esos motivos de conflicto, con el fin de hacer un llamado al diálogo. Veo necesario que me expliquen –y así poder explicarle a mis estudiantes, colegas y lectores- por qué ocurren ciertos incidentes que por su violencia intrínseca sencillamente no debieran ocurrir y que es necesario ir evitando. No quiere decir esto de ninguna manera que no se deban resolver los problemas que dieron lugar a estos conflictos. Así que llamo a los lectores de albedrío para que establezcamos un diálogo de construcción. Para iniciar este diálogo presento dos preguntas:

1. ¿Tienen los dirigentes “estudiantiles” de las instituciones públicas y autónomas representatividad?

Es de conocimiento público, al menos entre la mayoría de estudiantes de la USAC, que los actuales dirigentes de la AEU no los representan. Basta llevar a cabo un análisis similar al que han hecho algunos columnistas de comparar cuántos de los potenciales ciudadanos realmente votaron por Colom. Si se hace un estudio similar entre los estudiantes de la Universidad de San Carlos, fácilmente se podrá ver que esos “estudiantes” que abogan por la violencia, destruyen, contaminan (con quema de llantas, pintas y volantes, entre otras formas) y hacen de todo menos estudiar son los menos. Son poquísimos los electores potenciales que efectivamente han votado por ellos. La mayoría de estudiantes se preocupa por sus estudios y tiene al menos alguna ilusión por eventualmente contribuir a su sociedad como profesional graduado.

Un análisis somero de las opiniones dentro de la Universidad de San Carlos demostraría que muchas personas están de acuerdo con que se mejore el transporte urbano, que están en desacuerdo que existan alzas arbitrarias al pasaje, etc. pero que no por eso quieren manchar, destruir y quemar los buses, los cuales de por si ya están en mal estado. Quien así lo hace, definitivamente les “da mal color” y solo les quita legitimidad ante la opinión pública. Cuando pregunté entre mis estudiantes por qué no expresaban esas opiniones, muchos de ellos me expresaron su miedo, su verdadero temor a que esos representantes de la violencia les hicieran daño a ellos y su desilusión por que sean incluidos dentro de un gremio que no les proporcionaba argumentos válidos para hacer valer sus inquietudes. Resulta imperativo que las nuevas autoridades, a todo nivel, les proporcionen a los estudiantes de las instituciones públicas y autónomas no solamente información, sino formación, seguridad en ellos mismos y su gremio, y –por supuesto- las condiciones necesarias para educarse adecuadamente. Tengo la impresión que algo muy similar ocurre entre los estudiantes de los institutos públicos. ¿O no?

2. ¿Tienen los dirigentes magisteriales la representatividad de su gremio?

Es de conocimiento común que el maestro de escuela, sea esta pública o privada, tiene una remuneración de hambre. Nadie niega la urgente necesidad de compensar esta abnegada labor con un salario digno. Es obvio que si se efectuara un referéndum entre la población, la mayoría estaría de acuerdo con que a los maestros hay que pagarles sueldos proporcionales. Sin embargo, cada vez que los supuestos dirigentes magisteriales se colocan en situaciones polémicas, al hacer llamados a la huelga y a la violencia, contaminando con la quema de llantas, vociferando y pactando entre los líderes políticos, existe consenso de que ellos, al igual que ocurre entre los “dirigentes estudiantiles” no representan a la mayoría y sólo les restan la opinión favorable de la mayoría de la población.

¿Qué hacer en estos casos?

Esta pregunta la tienen que abordar las nuevas autoridades. No pueden entrar a la escena sin tratar estos temas, por espinosos que sean. Es imposible dar un paso en la dirección correcta sin atender a la educación pública a todo nivel, desde la preprimaria a la universitaria. No podremos decir que hemos avanzado en nuestro país si al concluir los próximos cuatro años no ha habido desarrollo entre gobierno, estudiantes y maestros. De esta manera todos podremos decir que hamos contribuido a resolver estos temas que levantan tanta polémica y que son la causa de tanta violencia.

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