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Humo negro
Por Juan Fernando Hernández - Guatemala,20 de noviembre de 2007
prosopis_2006@yahoo.com.mx

El humo negro que expelen los buses, camiones y automóviles sin control en la ciudad de Guatemala fue probablemente el primer problema ambiental que llamó la atención de sus habitantes. Hace ya muchos años que los capitalinos tomamos conciencia de cuán grave es esta contaminación, pero es muy poco lo que hemos hecho al respecto. A pesar de que se habla y se habla, se presentan alternativas y se invierten recursos para –supuestamente- resolver esta “maldición de la ciudad”, aún no existe luz al final del túnel y muchas de las alternativas que se plantean como posibles soluciones siguen sin ser realistas. Por ejemplo, se ha dicho que la liberalización del precio del pasaje permitiría que las empresas de transporte urbano prosperaran y así pudieran adquirir unidades más modernas, menos contaminantes y prestaran un servicio más eficiente. Ante los ojos de los libertarios, casi de manera milagrosa se transformaría nuestro caos vial en un edén urbano… No obstante, me pregunto si es realista esta visión. A continuación, analizo brevemente las razones por las cuales resulta tan complicado resolver el problema del transporte urbano y algunos de los obstáculos que deben tomarse en cuenta simultáneamente para cuando se propongan soluciones realistas.

¿Cuál sería el orden en el que se implementaría el proyecto de mejora? Si lo primero que se hace es liberar el precio del pasaje, los empresarios elevarían el mismo a un nivel mínimo como el que ya cobran sin control (de dos a cuatro quetzales), ahorcando inmediatamente a la población más pobre e imposibilitando del todo el traslado de personas que, por ejemplo, viven en Peronia pero trabajan en la zona 18. ¿Qué harían quienes tienen que tomar dos o tres buses para trasladarse? ¿Quién se asegurará de que se respeten las reglas, se otorguen boletos, se lleve un control de las ganancias?

Por el contrario, si primero se reorganizan las rutas, aún con las unidades viejas, las protestas vendrían de los empresarios, puesto que dirían que se les impide comerciar libremente. ¿Quién va a diseñar el nuevo mapa de rutas? ¿Cómo harán para que se respeten los horarios y vías? ¿Van a darles instrucción apropiada a los pilotos? ¿Quién lo haría? ¿Cuándo?

Adquirir nuevas unidades, reorganizar las rutas y controlar el precio de los pasajes es lo mínimo que debe hacerse simultáneamente. Sin embargo, implementar estas cosas al mismo tiempo sería extremadamente costoso, complejo y caótico y tendría que abordar conjuntamente problemas como el control del precio de los pasajes y el de trasladar a los trabajadores desde sus viviendas a sus lugares de trabajo en vehículos no aptos para el transporte colectivo durante quién sabe cuántos días en tanto entra a funcionar el sistema. Entonces, ¿quién va a financiarlo? ¿Quién va a trasladar a la población de un lugar a otro para mientras? ¿En qué vehículos? ¿Se han puesto a pensar cómo se evitaría que faltaran a su empleo los cientos de miles de personas que deben movilizarse diariamente?

Se está intentando mejorar el servicio de los buses extraurbanos, incluyendo los que traen trabajadores de las “ciudades dormitorio” a la capitla, pero esto también es sumamente complejo y no existe aún suficiente información –y orden- por lo que se infringen muchos reglamentos. Todos estamos conscientes de que tanto los buses urbanos como extraurbanos no respetan las rutas, se estacionan donden quieren y no respetan ni las más visibles señales de tránsito. ¿Será que aún si se liberara el precio cumplirían estas reglamentaciones? ¿Quién obligará a que esto se respete? Así pues, no es cuestión de “soplar y hacer botellas”. El problema del transporte urbano en la capital debe ser abordado desde muchos ángulos y, lamentablemente, no parece que este humo negro vaya a disiparse pronto. Ojalá que el nuevo gobierno nacional y los gobiernos municipales tengan la visión y la entereza para ir resolviendo esta grave situación durante los próximos cuatro años.

P.D. Felicitaciones a Vida Amor de Paz por su excelente artículo donde hace ver la grave omisión de quienes presentaron el Plan Visión de País respecto al tema ambiental. Ojalá el próximo gobierno tome en consideración los señalamientos de la comunidad ambientalista para que una verdadera visión de país aborde un elemento clave para su funcionamiento.

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