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¿Cómo combatir con hidras?
Por Juan Fernando Hernández - Guatemala, 22 de noviembre de 2007

En la mitología griega la Hidra de Lerna era un antiguo y despiadado monstruo acuático con forma de serpiente de muchas cabezas (cuyo número va desde 5 hasta 100 e incluso 10.000 según la fuente) y aliento venenoso a la que Hércules mató en uno de sus doce trabajos. Este triunfo no fue fácil. Fue necesaria la ayuda de otros seres mitológicos para que Hércules fuera capaz de vencer a este terrible monstruo y así poder erigirse como un verdadero héroe. En atención a este mito, a lo largo de la historia, se ha llamado “hidras” a aquellos “monstruos” entre cuyas características está el no poder vencerse con una sola estrategia o de una sola vez, por tener muchas cabezas y porque cada vez que se “corta” una surgen otras. Por ejemplo, se le dio el nombre científico de Hydrilla (pequeña hidra) a una planta acuática que se reproduce de varias maneras diferentes y que no puede ser atacada por medios convencionales, puesto que si se hace así, solamente se facilita su mayor reproducción. Es difícil y caro combatir a la Hydrilla. Además, hay que comprender que nunca podrá eliminarse del todo. Hay que saber convivir con ella, siempre manteniéndola bajo control, pero nunca teniendo la ilusión de que va a desaparecer. En nuestro país, los peores males sociales, políticos, económicos y ambientales son precisamente hidras. Da pena ver que personas de uno y otro tinte político aún creen que cortando solamente una cabeza a la vez se pueden ir combatiendo esos males. También es preocupante saber que hay quienes creen que nuestras hidras pueden eliminarse del todo y de un solo golpe. A continuación presento ejemplos de esas actitudes de corta visión y recomiendo a quienes proponen soluciones radicales y de una sola vía que mediten mejor lo que dicen, que hagan análisis más profundos, que conformen equipos de investigación y trabajo compuestos por conjuntos de personas capaces (aunque sean de diferente tinte político o clase social) para ir analizando, atacando y manteniendo bajo control nuestras numerosas hidras.

Así como los neoliberales extremos añoran un gobierno que “sólo se dedique a la ley y a la defensa” así también existen corrientes “revolucionarias” que se niegan a ver la realidad total del país de las hidras. Por ejemplo, suponiendo que en el proceso electoral hubiera “ganado” el abstencionismo, en realidad el conservadurismo extremo y el retorno a la mano militar habrían triunfado. No porque fuera lo mejor o lo preferido por la mayoría, sino que sólo esos grupos de choque habrían tenido los recursos para movilizar a sus huestes (llevándolos en camiones y premiándolos con almuerzos) y habrían logrado que ellos “votaran” por sus “verdaderos líderes”. Es cierto que no debemos mantener el status quo, pero resulta ilusiorio pensar que de un solo golpe vamos a movilizar a una sociedad con tantos males y atrasos como la nuestra hacia un país totalmente justo y democrático.

En un artículo anterior hice ver cómo resulta tan absurdo que “líderes laborales” o “líderes estudiantiles” aboguen por un mayor respeto de sus derechos si ellos no respetan los derechos de otros. Tampoco pueden liderar quienes no cumplen con sus deberes y obligaciones. Mi experiencia como docente de la USAC confirma que la gran mayoría de los estudiantes evita o teme seguir a pseudolíderes que queman llantas, contaminan el aire y el agua, no respetan los derechos de otros y no piensan en el futuro. Más bien, los estudiantes consecuentes consideran que su servicio social (evidenciado en el desarrollo de su EDC y su EPS*) puede llegar a más personas y permitirles cumplir mejor con su misión como agentes de cambio. Ya no estamos a principios ni a mediados del Siglo XX donde los extremismos eran la “única solución”. Pretender que no ha habido evolución en la filosofía política, que no existe la Internet y los cibercafés incluso en aldeas remotas sería una ilusión. ¿Qué clase de “revolución socialista” puede existir en el Siglo XXI? ¿Qué clase de socialismo? Ciertamente no uno a la norcoreana ni a la soviética. Entre otras cosas, no conviene tener líderes que puedan perpetuarse indefinidamente en el poder por muy buenos que parezcan actualmente. Tampoco deben constituir dinastías familiares. Hay tomar en cuenta que el respeto a la naturaleza y el buen manejo de los recursos naturales no puede ser ignorado. Basta recordar cuanto daño ambiental provocaron y provocan las centrales nucleares y las grandes represas que eran el orgullo de la URSS y sus aliados. Además, ya no es tan fácil lograr una mejor distribución de la tierra. ¿Cuáles serían las “tierras ociosas” que podrían repartirse? ¿A cuántas personas? Ciertamente no aquellas que actualmente son bosques, áreas protegidas o parques nacionales, porque solo estaríamos cometiendo un terrible suicido colectivo. También hay que reconocer que la extensión de “tierra repartible” es limitada, es un recurso finito, y a corto plazo y que la población sigue creciendo y seguirá creciendo en tanto no avance la educación de la mujer, entre otros factores. Es evidente que las soluciones no son nada fáciles.

¿Será realista pensar que de un solo golpe países pobres, plagados de injusticias a todo nivel y con una población cada vez mayor de personas ignorantes y desorientadas podría “independizarse” del sistema mundial como algunos quisieran que lo hiciera Centroamérica? No lo creo. Tenemos que aprender a lidiar con hidras. Quienes enfrentamos ese reto no podemos ser extremistas de uno u otro tinte. Le duela a quien le duela, los extremismos ya no pueden existir en el Siglo XXI y menos en este país de hidras.

* EDC significa “Experiencias Docentes con la Comunidad” y lo efectúan los estudiantes durante su carrera universitaria, el EPS (Ejercicio Profesional Supervisado) lo efectúan al concluir sus estudios y antes de presentar su trabajo final o tesis.

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