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¡Aguas! … con el fuego
Por Juan Fernando Hernández - Guatemala, 13 de diciembre de 2007
prosopis_2006@yahoo.com.mx

Finaliza el año calendario y con él finaliza también en la mayor parte del país la temporada de lluvias. Es una época espléndida si tomamos en cuenta cuántas plantas florecen en este tiempo y cuantas especies de aves migratorias nos visitan. ¿Quién no ha admirado las dalias de suave tono lila o los girasoles de fuerte amarillo? ¿Acaso no han sentido el aroma de la blanca flor de Concepción? ¿Han escuchado los chipes de su huerto o su jardín? No obstante, otro elemento hace su aparición en estas fechas y este, al menos, no siempre es bienvenido: el fuego.

Es importante aclarar que el fuego ha sido siempre un elemento importante de muchos ecosistemas. De hecho, algunos tipos de bosque ni siquiera sobrevivirían sin un ciclo periódico de incendios. El fuego en el ecosistema ya existía incluso antes que el ser humano porque los volcanes y los rayos siempre han contribuido a generar incendios. A pesar de esto, siempre se debe tener sumo cuidado con el fuego provocado por el ser humano, accidental o intencionalmente. Siempre.

Es posible que en algunos bosques de pino, por ejemplo, sea recomendable permitir fuegos de baja intensidad que, entre otras cosas, eliminan el exceso de maleza seca y preparan la tierra para la germinación de algunas semillas. Puede ser también que en zonas de pastizales y sabanas sea necesario provocar incendios controlados para substituir a los incendios “naturales” que antiguamente solo eran provocados por rayos. Como ahora hay menos área de bosque de pino y sabanas, ahora se debe controlar estrictamente el uso del fuego como un elemento de manejo.

A pesar de lo establecido anteriormente, en Guatemala es sumamente delicado permitir los incendios forestales y mucho más provocarlos accidental o intencionalmente. ¿Por qué? Entre otras cosas porque la dinámica de regeneración de la mayoría de nuestros bosques es poco conocida y el desarrollo histórico de incendios forestales previos al siglo XX es poco menos que un misterio. ¿Significa todo esto que no se debe permitir o incluso provocar ningún incendio, bajo condiciones estrictamente controladas? No. Pero reitero que es sumamente importante hacer estudios científicos sobre el efecto de los incendios sobre la biomasa, la biodiversidad y la dinámica de regeneración de los diferentes tipos de bosque. Así que, cuando vean un incendio, siempre repórtenlo a INAB o CONAP o las municipalidades y bomberos. Si está siendo observado y controlado, puede hasta ser necesario, pero si es un “salvaje”; todo (incluso la vida de los seres humanos que estén cerca) está en peligro. Tomando todo esto en cuenta, actuemos pues.

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