¿Votarían por una “reina de belleza” en estas condiciones?
Por Juan Fernando Hernández - Guatemala, 14 de junio de 2008
Definitivamente estoy en desacuerdo con los “concursos de belleza”, de esos “Miss-lo-que-sea” y no apoyo a quienes los promueven. Hacen poco por dignificar a la mujer y la transforman en poco más que un objeto. Sin embargo, debo admitir que algunas de estas jóvenes son verdaderamente bellas. Pero, ¿iría alguna de ellas al concurso en las condiciones en las cuales se están promocionando las “maravillas del mundo” que tenemos acá en Guatemala? Lo dudo muchísimo.
Nuestras “reinas de belleza” naturales estarían, si no automáticamente excluidas, al menos tendrían que darse un buen baño antes de acudir al concurso. Ninguna “reina de belleza” podría ni siquiera acercarse a las demás si oliera tan mal y estuviera tan sucia que pareciera que no se ha bañado en muchos días. ¿Verdad? Entonces, ¿cómo vamos a pretender que el lago de Atitlán ingrese en un concurso de “maravillas del mundo” en las condiciones en las que está? ¡Qué vergüenza!
¿Por qué digo esto? Recientemente, Juan Skinner, de la Asociación pro Lago de Atitlán* señalaba que al observar de cerca el lago se descubre que más del 50% de la población de la zona está sumida en la pobreza y 37% en extrema pobreza. También deplora el “desastre urbano” que se observa en los pueblos y la construcción de “grandes edificios que destruyen la belleza natural”. Continuando con mi comparación del lago con una reina de belleza (que realmente podría ser), ¿acaso considerarían bella a una persona de apariencia descuidada, ataviada con trapos rotos, desechos urbanos y basura publicitaria?
¿Qué ocurre entonces? Son múltiples los problemas del lago, pero entre los más graves Skinner señala que se observa un retroceso en el saneamiento ambiental y un estancamiento político en gestión publica, planes y normativas. Coincido con él en esa lamentable situación, que se observa no solo en Atitlán sino en la mayoría de nuestras cuencas de ríos y lagos. Ya estamos viendo la grave amenaza que se cierne sobre el Puente del Naranjo, todo porque en general no se consideran las cuencas en su conjunto, sino únicamente el entorno inmediato y, a veces, ni siquiera este en su totalidad.
Las cuencas de los lagos y ríos son entidades que siempre deben ser tratadas en conjunto. Nunca puede destruirse o alterarse un segmento sin afectar a otros. La voracidad por construir conjuntos habitacionales, granjas de recreo, hoteles y “malls”, alentada por el excesivo afán de enriquecimiento propio de la ideología privatizadora, consumista y “libertaria” no permite ver este hecho. Pero, volviendo a mi comparación inicial, ¿no son ellos los que cosifican a la mujer, la empujan a que compre cosas caras que jamás necesitará e incluso la mueven a enfermarse con tal de ser “delgada”?
No, definitivamente es imposible considerar a Atitlán como una “maravilla natural” si no se le considera como si fuera una verdadera “persona” con dignidad y derechos, que disponga del cuidado y respeto que merecen todos los seres humanos y no como una falsa “reina de belleza” que solo aparece en el escenario durante un fugaz momento y luego es olvidada hasta por los que la promocionaron. Coincido totalmente con Juan Skinner, quien concluye diciendo que más que apoyo con un voto al lago como maravilla natural, “necesitamos participación ciudadana para asegurar que se resuelvan los problemas de ese entorno y de su población”.
* Juan Skinner A. sección de opinión de los lectores, Prensa Libre, pág. 19, miércoles 11 de junio de 2008
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