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El papel de los estudiantes en la vida nacional 1980-2005
Por Juan José Hurtado Paz y Paz - Guatemala, 27 de julio de 2005

Agradezco la invitación que se me ha hecho para hablar del Movimiento Estudiantil Universitario y su papel en la vida nacional, lo que considero un honor.

Hablo desde la perspectiva de alguien que fue partícipe de parte de ese movimiento hace 25 años y un poco más.

Hace apenas unos días, recordamos dos hechos dolorosos de 1980: el 14 de julio, en que fue cometida la masacre de jóvenes estudiantes que llegaban a la Universidad en horas de la mañana para estudiar y el 17 de julio, en que fue segada la vida de Mario René Matute Iriarte.

Por ser un sobreviviente, no puedo menos que empezar rindiendo homenaje a todas y todos los universitarios – estudiantes, docentes y trabajadores de la USAC - que han dado su vida en el afán de poner la educación al servicio del Pueblo y construir una Patria mejor para todas y todos. Son nuestros mártires y héroes. Su ausencia es sensible y dejó un gran vacío, más aún en estos momentos en que hay tal pobreza de dirigentes honestos y comprometidos.

Su sacrificio ha sido el costo que se ha tenido que pagar para llegar hasta donde estamos ahora, aún con todas las limitaciones e imperfecciones de lo que tenemos. En un país como el nuestro, no pudo ser de otra manera.

Pero hablar del Movimiento Estudiantil de hace 25 años no es sólo hablar de muerte, secuestros y desapariciones, tristeza, destrucción y dolor. Es también hablar de sueños, ilusiones, luchas, alegrías y esperanzas. Soñábamos en un mundo mejor, más humano, más justo y más pleno, luchamos por ello y, aunque no logramos cambiar el mundo y en mucho, es lamentable ver que, en vez de avances, hay retrocesos, la semilla fue sembrada y estamos seguros que tarde o temprano, la planta crecerá y dará frutos. Aún tenemos esperanzas en la humanidad y particularmente esperamos mucho de la juventud, es decir, de la mayoría de los aquí presentes. No dejemos que la planta muera.

La Historia del Movimiento Estudiantil Universitario de Guatemala es muy amplia. No se reduce a 25 años; tiene más de 328 años, desde que fue fundada la Universidad hasta la fecha.

No es posible hablar de todo ese caminar en tan poco tiempo. Hay ya varios libros y estudios que tratan de esa historia como los escritos por Virgilio Álvarez, Paul Kobrak, Byron Barillas, Manolo Vela y Álvaro Velásquez, que pueden consultarse. Aunque, cabe decir, que falta aún mucho por investigar y escribir para recoger la historia gloriosa de la USAC.

Hoy, pues, sólo trataremos destacar algunos rasgos del movimiento estudiantil.

Comenzaremos diciendo que la juventud es una etapa de la vida, de plenitud, de energía, de cuestionamiento y búsquedas. Hay una rebeldía muy propia de esa edad que debe buscar cauce. Eso es algo que marca al movimiento estudiantil.

El movimiento estudiantil ha jugado el papel de detonador y fuerza vital en momentos claves de la historia de nuestro país, como han sido en: el derrocamiento de la dictadura de Estrada Cabrera en 1920, la revolución del 20 de Octubre de 1944, las luchas estudiantiles de 1956, las jornadas de marzo y abril de 1962, el papel de la Universidad como tribuna política y los estudiantes como portavoces del debate en ese período de la reconstrucción de las fuerzas de izquierda a comienzos de los años de 1970, el apoyo a los sectores populares luego del terremoto de 1976, el acompañamiento a las luchas obreras, campesinas y otros sectores populares del período, la lucha contra el aumento al pasaje en octubre de 1978, etc.

Hace 25 años, era un contexto diferente. Era un tiempo de efervescencia social. Era tiempo de auge en la lucha popular y revolucionaria en el país y en el continente. Apenas el 19 de julio de 1979 había triunfado la Revolución Sandinista en Nicaragua y la lucha revolucionaria del Pueblo Salvadoreño tomaba fuerza.

En la USAC, los años de 1970 fueron de movimientos progresistas como los procesos de transformación en las estructuras y pensums en varias unidades académicas, que buscaron acercar más la Universidad a las necesidades del país y de la población mayoritaria. Con estos movimientos, se promovió mayor participación de los estudiantes en las decisiones de la Universidad y sobre la educación que en ésta se desarrollaba. Fue el tiempo, por ejemplo, en que se hizo una reforma educativa en Arquitectura y Medicina, la Escuela de Psicología se independizó de la Facultad de Humanidades y se crearon nuevas escuelas, como la de Ciencias de la Comunicación e Historia.

El Movimiento Estudiantil tenía dos horizontes, dos ámbitos de acción:

- A lo interno, propiamente sectorial, buscando elevar la calidad de la educación universitaria.
- A lo externo, con su inserción política en la sociedad y como movimiento solidario, acompañante de luchas.

A lo interno, buscábamos elevar la calidad de la educación, no en función individual, sino para poder servir mejor al Pueblo, pues sabíamos que los estudiantes éramos y siguen siendo apenas una minoría privilegiada en un país donde prevalecen todavía hoy altos índices de analfabetismo.

Pero sabíamos también que la educación no es algo aislado, sino que es un componente de un sistema, que lo apuntala y contribuye a su reproducción. Por eso buscábamos también cambiar la naturaleza y el carácter de la educación e insertarnos en transformaciones más amplias y profundas que revolucionaran a la sociedad entera.

Los demás sectores populares reconocían en la Universidad y en los estudiantes una fuerza solidaria que les podía acompañar en sus luchas. Obreros, campesinos, indígenas y pobladores pasaron por las aulas universitarias para denunciar lo que vivían y buscar apoyo. Muestra de ello es que aún, en el imaginario colectivo se mantiene en algo esa imagen, de que las y los estudiantes son valientes, son luchadores, son rebeldes y están por las causas justas. Es por eso que mucha gente espera con expectativa y entusiasmo la Huelga de Dolores y el “Nonostientes” … para ver qué dicen “los muchachos”.

El compromiso de las y los estudiantes de aquel tiempo, les llevo a nutrir a otros movimientos, incluyendo a las organizaciones revolucionarias armadas de aquella época.

Es por esa fuerza y vitalidad transformadora de los Universitarios que mucha de la atención represiva del estado se concentró en contra de la USAC. La represión selectiva venía ya golpeado a los universitarios desde años anteriores. Recordamos por ejemplo el asesinato de Robin García en Agosto de 1977 y de Oliverio Castañeda de León, el 20 de octubre 1978, para mencionar tan solo a dos figuras, que se convirtieron en emblemas para las y los estudiantes de entonces.

1980 fue quizás el peor año para la Universidad. Las y los universitarios más progresistas y revolucionarios fueron asesinados, secuestrados-desaparecidos, debieron salir del país o buscar otras alternativas para sobrevivir.

A comienzos de los años de 1980 se completó la destrucción del movimiento estudiantil de aquella época. Pese a intentos de mantener al movimiento vigente, adoptando formas semiclandestinas de trabajo, las fuerzas represivas siguieron asesinando a varios de los que aún quedaban. El terrorismo de Estado logró que otros más salieron del país para sobrevivir, otros se neutralizaron y algunos optaron por alzarse en la montaña para seguir luchando por sus ideales.

Pero, el movimiento estudiantil no se resignó a morir. Años más tarde, comenzó a renacer. Esto fue así porque sus raíces se encuentran en las condiciones de injusticia que persisten y en el espíritu rebelde de la juventud, que no se conforma con seguir igual.

Nuevamente resurgieron organizaciones y luchas estudiantiles, que también intentaron acallar. Una nueva oleada represiva sacudió a la USAC en 1989, cuando la mayoría de la dirigencia de la AEU fue desaparecida.

Sin embargo, el movimiento continuó y siguió jugando un papel activo, entonces ya en apoyo al Proceso de Paz.

Pero, como ya decíamos, la Universidad no es una isla sino que está inserta en una sociedad. Por lo tanto, lo que pasa en esa sociedad le afecta directamente y los problemas y vicios de esa sociedad se reflejan en ella.

Por eso, en este mundo en que domina un capitalismo neoliberal depredador, en que se impone la ideología del individualismo y del sálvese quien pueda, de pérdida de valores humanos, encontramos vicios muy profundos que si bien existieron también en el pasado, ahora se han exacerbado y son problemas para el desarrollo del movimiento estudiantil. Hablamos, por ejemplo, del oportunismo, la corrupción y el sectarismo.

Por eso, las y los estudiantes de hoy tienen grandes retos para contribuir a que el movimiento estudiantil retome el papel que históricamente le ha correspondido:

- Lo primero, es superar la indiferencia y el individualismo. Debemos ser conscientes que estudiar es un privilegio, que lo hace posible el Pueblo con el pago de sus impuestos. Debemos retribuir a la sociedad lo que nos aporta. Pero además, es una obligación ciudadana participar porque si la sociedad está mal, nosotros tampoco podemos estar bien. Somos responsables del país en que vivimos.

- Es necesario trabajar por una Universidad mejor, al servicio del Pueblo. Quienes nos dominan no tienen interés en que la ciencia y el conocimiento se desarrollen. Nos quieren gente tonta, no pensante. Liberarse de esas opresiones requiere de ideas y acción.

- El movimiento estudiantil debe superar algunos vicios presentes como el sectarismo y el oportunismo. La dirigencia debe retomar el contacto con las bases, para reflejar sus necesidades e intereses.
Para terminar, quiero repetir lo que nos recordara un amigo recientemente, citando a otro revolucionario: “Ser joven y no ser revolucionario, es una contradicción hasta biológica.”

www.albedrio.org - Cortesía de Pop No'j


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