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La rebeldía de la dignidad y la dignidad de la rebeldía
Por Juan José Narciso Chúa - Guatemala, 10 de noviembre de 2004

Existen momentos en la vida que se graban para siempre en nuestras retinas y en nuestros cerebros, pero hay otros que trascienden de éstos dos y se incrustan en nuestros corazones y nos hacen aflorar los sentimientos, los recuerdos, las anécdotas, los amigos, en fin, jirones vivenciales de nuestra infancia o adolescencia que en un momento determinado despiertan y dejan el espacio abierto a la emoción más profunda, ésos momentos no ocurren siempre.

El día cuatro de noviembre tuve la oportunidad de revivir uno de estos gratos momentos cuando en un acto solemne, pero a todas luces emotivo y lleno de sentimientos encontrados, se presentó el libro: Insurgentes. Guatemala, la paz arrancada, de mi amigo Santiago Santa Cruz Mendoza, en el marco del Conservatorio Nacional de Música y ante un público que prácticamente colmó dicho recinto.

Más allá de las consideraciones políticas que seguramente se mencionan en el libro, quisiera recoger lo humano como hilo conductor del mismo, pues la obra prácticamente recoge la historia de Santiago y sus compañeros de lucha, en un espacio de vida de 15 años, en los cuales él militó en la guerrilla.

En la obra figuran hechos, fechas y sucesos que develan con precisión impresionante la forma de vida que desarrollaban estas personas, en este convencimiento y esfuerzo por cambiar el país, pero principalmente el libro recupera y subraya las vidas de muchas personas, de muchos amigos, de muchas familias; el libro encierra y describe con objetividad y ponderación los aciertos, las luchas, las conspiraciones, los errores, los defectos, los excesos y las carencias que dentro de esta lucha y en este paréntesis de vida se dieron y se reconocen abiertamente y sin afanes protagónicos de ningún tipo, destacando y rescatando principalmente a todos aquéllos que perdieron la vida en este esfuerzo.

La mención que se hace de cada uno de ellos en el libro, precisamente trasciende su figura de guerrillero para situarlo en su plano humano, su origen, su forma de vida, su familia, sus hijos, sus aspiraciones; seguramente éste es uno de los mejores reconocimientos que se puede hacer a todos aquéllos que continúan vivos, o como dice Santiago, de aquéllos que “… aunque muertos están más vivos que nunca”.

Una noche que, aun con las dificultades técnicas, encontró la inocencia infantil por cómplice, y seguramente la magia, el sentimiento, la emoción, los recuerdos se confabularon en un solo sentir para llevarnos en el tiempo y en el espacio y poder disfrutar de uno de los momentos de mayor emoción que muchos pasamos en nuestras vidas.

Salud, Santiago; salud, amigo, qué mejor reconocimiento que este evento mismo, culminado con ese estruendoso, detenido y cómplice aplauso.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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